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Agencia Reforma
Monterrey, NL 11 octubre 2026.- En entrevista, el historiador Enrique Krauze llama a los regiomontanos a recuperar su espíritu democrático, hacer valer su participación ciudadana y reivindicar el lugar de la cultura en el desarrollo de la Ciudad.
-En el mensaje que preparó para la inauguración de la Feria Internacional del Libro Monterrey menciona a dos figuras que lo han acompañado durante muchos años: Alfonso Reyes y Gabriel Zaid. ¿Por qué destacarlos?
“Son los dos escritores, ensayistas y poetas, cada uno, que son emblemáticos de Monterrey.
“Alfonso Reyes nació en Monterrey, se formó en Monterrey. Y aunque hay muchas calles y hay una cátedra con su nombre, cosa que está muy bien, yo creo que se debe hacer mucho más por propagar entre las nuevas generaciones el conocimiento, la lectura gozosa de ese escritor extraordinario, uno de los ensayistas mayores de la lengua española en todos los tiempos, admirado por Borges, maestro de Borges, que además de ser el artífice del centauro de los géneros, que es el ensayo, fue el gran poeta y un especialista extraordinario en la cultura clásica griega. En fin, un humanista, una literatura. Era una literatura Alfonso Reyes, como dijo Octavio Paz.
“Y creo que Gabriel Zaid también, un hombre nacido y formado en esta ciudad, en el Tec de Monterrey, discípulo de maestros extraordinarios, humanistas mexicanos y españoles en los años 50 en Monterrey, pues de él sí que he tenido el privilegio de estar cerca por más de medio siglo, ¿no? Como lector, como compañero, como amigo, en la revista Plural, en Vuelta y en Letras Libres.
“Por eso quise, querré mencionarlos antes que nada como dos figuras que nacieron y se formaron en Monterrey, figuras universales, que deben ser no sólo orgullo, sino ejemplo para que las nuevas generaciones, que ahora, pues, en cierta forma, viven un poco ajenas a la lectura de libros completos y de libros en general, se acerquen a ellos”.
-Señala que la tradición humanística de Monterrey se atenuó ante el auge industrial. Sin embargo, Reyes y Zaid dan continuidad a una historia cultural.
“Monterrey, todos sabemos, es una vanguardia de México. Vanguardia técnica, industrial, empresarial. Es una ciudad paradigmática en ese sentido. Pero en algún lugar del camino relegó un poco Monterrey, pienso yo, su vocación humanística.
“Y esa vocación es la que cultivó Alfonso Reyes bajo el Sol de Monterrey y luego en su largo peregrinaje por México y por el mundo, porque fue embajador, como sabemos. Vivió en Brasil, pero mucho antes en España, Francia, en fin. Creo que esa vocación humanística fue muy rica en los años 50. Monterrey atrajo, el Tec de Monterrey en particular, pero también otras instituciones de Monterrey y posteriormente la Universidad de Monterrey y la Universidad Autónoma de Nuevo León, en fin, figuras intelectuales, filósofos, historiadores, humanistas.
“Aquí tienen archivos extraordinarios. Joaquín García Icazbalceta, el gran humanista del siglo 19, está aquí en el Tec, su archivo. Entonces, hay mucho que hacer en el aspecto humanístico. No quiero decir que no se haya hecho nada. Al contrario, se ha hecho mucho. Hay que hacer mucho más. Deben caminar paralelamente, en la excelencia, la vanguardia técnica, industrial, científica y la vanguardia humanística.
“Por eso celebro tanto esta Feria Internacional del Libro. Es sólo el principio, hay que porfiar. Esto es algo que hay que hacer año tras año. Si dentro de 30 años aquí se sigue celebrando la Feria, podremos estar contentos, podrán estar contentos los que vivan entonces”.
-En su discurso inaugural también reflexiona sobre la política y los políticos. Afirma: “La política se va, la cultura se queda”.
“Bueno, yo creo que no es un teorema, es un axioma. Es evidente. Ahí está Reyes, ahí está Sor Juana, está Octavio Paz. Ahí están las figuras de El Colegio Nacional, ahí está la cultura mexicana, tiene una trascendencia universal. Dígame, por favor, qué político mexicano tiene trascendencia universal. No hablo de fama, hablo de trascendencia, hablo de respeto, hablo de autoridad moral. Por favor, dígame.
“Sí, algunos muy remotos. Francisco Madero, en fin, quizás Lázaro Cárdenas. Y desde luego Juárez. Algunos otros políticos. Pero mire, si empezamos a contar las figuras de la cultura, del arte, de las humanidades, no terminamos. México es un gran país culturalmente, en la cultura popular y en la alta cultura. En términos de distinción política no tenemos mucho de qué presumir. México carece de políticos de altura con autoridad histórica y moral.
“El País ha puesto su esperanza muchas veces en el cambio de políticos, claro, confiando en que un líder iluminado lo salve, y ya estamos viendo en qué abismos nos han precipitado. Pero no quiero hablar de política. He venido aquí a hablar de cultura”.
-También presentará el segundo volumen de las obras reunidas de Daniel Cosío Villegas. ¿Qué representa para usted la figura de este intelectual?
“Tuve ese privilegio enorme de conocer a esta generación de intelectuales, en la que Cosío Villegas era una figura principalísima. Era la gran figura editorial, incluso intelectual, en el sentido del escritor, del ensayista y del historiador, porque la característica principal de esa generación del 15 fue la de hacer cosas, no de escribir libros. Gómez Morín, el propio Lombardo Toledano, Bassols, en fin.
“Como decía Alfonso Reyes, se aplicaron a la pala y no a la pluma. Pero Cosío Villegas fue un hombre de pala y de pluma. De pala porque hizo instituciones, como el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, la propia empresa editorial, varias revistas, como Foro Internacional, Historia Mexicana, etcétera. Instituciones que ahora, al menos una de ellas, el Fondo de Cultura Económica, está prácticamente destruida.
“Por otro lado, cerca de cumplir los 50 años, Cosío Villegas decidió de manera resuelta dedicarse a escribir. Y alternó la vocación de ensayista sobre temas de América Latina y de México con el gran proyecto de la Historia moderna de México, al que dedicó los siguientes veintitantos años de su vida. Y luego fue un gran articulista, un valentísimo observador y protagonista intelectual de la vida pública mexicana, y terminó su vida, ya en la vejez, siendo el más respetado, más valiente, más independiente crítico de Luis Echeverría. Dígame usted si no merecía este hombre una biografía.
“Entonces yo tuve el privilegio de entrevistarlo. Tengo muchas horas grabadas con él. Y luego que murió, murió hace 50 años, en marzo de 1976, me encerré a escribir su biografía. Él conoció un par de capítulos de esa biografía. La publiqué en 1980. Y este es el segundo tomo de las obras que voy reuniendo en El Colegio Nacional, de mis obras a partir de ‘Caudillos culturales en la Revolución Mexicana’, publicado en 1976, justo hace 50 años”.
-A 50 años de la publicación de “Caudillos culturales…”, ¿cómo reflexiona sobre su propia trayectoria intelectual?
“Es evidente que no soy yo el que debe calificar eso. Daniel Cosío Villegas dedicó su vida a escribir ensayos y a escribir historia, y a fundar instituciones que sirvieran a la cultura y, como liberal, a criticar al poder. Digamos que yo he querido seguir ese ejemplo escribiendo obras de historia, ensayos de índole histórica, política, cultural, literarios, de crítica, y dirigiendo empresas culturales como son Letras Libres y Clío. Pero la primera y última palabra de todo eso la tiene el público lector”.
-Su hijo León es ahora subdirector de Letras Libres. ¿Comienza a pensar en el retiro?
“Por supuesto, pero el retiro no de trabajar. Yo tengo varios libros en el fogón, como decía Alfonso Reyes. Hay que tener varios libros en el fogón. Gabriel Zaid me dijo: ‘Esa frase está en Alfonso Reyes’. Zaid, por cierto, se leyó la obra completa de Reyes, y entonces yo, bajo esa norma, tengo varios libros en el fogón que quiero hacer en la siguiente década, si Dios me presta vida, como decía mi abuela.
“Pero, bueno, seguir. Me he puesto un plazo. León (Krauze) tomará la dirección y, rodeado de esta generación, tanto de gente más madura como de gente más joven que trabaja con nosotros, va a llevar a muy buen puerto la revista. Estoy seguro de que también lo hará mi hijo Daniel, que es un escritor, es un creador de ficción, es un guionista, pues también ha colaborado y va a seguir colaborando en los esfuerzos de Clío, que es llevar ya no la letra, sino la imagen a un público amplio”.
-León ocupa ya la subdirección.
“Es una cosa temporal, ¿no? Es una cosa temporal para que se vaya aclimatando. Él, además, bueno, le va a imprimir, como dijo León, un sentido periodístico, un sentido más de realidad. Pero quiero decir que él siempre ha estado en la revista. El creador del sitio de internet de la revista es León. Las revistas impresas son parte necesaria de la empresa de comunicación global, del ecosistema, como ahora se dice, pues está compuesto del sitio de internet y todas las avenidas o las calles por las que uno va proyectando al público, y en eso ha ido creciendo. Y estamos en España, además, desde hace 25 años. Veinticinco años en España cumple Letras Libres en octubre. Entonces son buenos augurios.
“Y, bueno, tengo que escribir la segunda parte de las memorias. “Spinoza en el Parque México” fue un libro conversado, pero un libro de memorias finalmente, que terminaba en 1982. Me falta de 1982 hasta ahora. Ése es uno de los libros que están en el fogón”.
-¿Se está divirtiendo con todo lo que hace?
“Siempre, siempre. Muy importante. No sé si la palabra divertir, ¿verdad? Me gusta hacer esto, me gusta hacer lo que hago. Además, siento una obligación y creo que México es un país tan entrañable, tan fuerte, tan lleno de gente magnífica, de impulso y una sociedad civil tan creativa, que va a salir adelante de sus problemas. Y si uno puede, desde las pequeñas trincheras, pequeñísimas trincheras, de una revista o de un artículo, de un libro, contribuir, ¿qué mejor? Es un incentivo magnífico. Por supuesto, los buenos son infinitamente más que los malos”.
-¿Piensa en el destino de su obra, en lo que permanecerá de ella?
“Dice la frase latina que los libros tienen su propio destino. Cada libro tiene su propio destino, las empresas tienen su propio destino. Recuerdo ahora una frase de Daniel Cosío Villegas. Le pregunté: ‘Don Daniel, ¿qué es lo que lo tiene más orgulloso a usted?’. Y me dijo: ‘Que mis instituciones han sobrevivido’. Bueno, se volvería a morir ahora, desgraciadamente, porque a 50 años de su muerte, el Fondo de Cultura Económica, digamos, está a punto de no sobrevivir.
“El Colegio de México está allí, ahí están sus libros y ahí está su ejemplo (de Cosío Villegas) y sus artículos valentísimos frente a un poder insolente, corrupto, populista, mentiroso, mentiroso, maligno. Ese ejemplo sigue.
“Ojalá estas pequeñas empresas (las suyas) sigan adelante, pero no tengo muchos planes de despedirme, aunque uno nunca sabe. Más bien espero tener la satisfacción de verlas crecer, de verlas proyectarse, sembrar en la conversación pública la civilidad, la tolerancia, la libertad, la inteligencia, el diálogo, y que hagan esas pequeñas empresas su papel para que México vuelva a ser un país democrático y una república, porque esta república está destruida”.
-Pienso en esa última afirmación: “La República está destruida”.
“Es terrible. No tengo la menor duda de que la República Mexicana está destruida. Una república no es un mapa. Una república, desde el origen romano y desde el origen de las naciones latinoamericanas, es un orden público en el cual hay un poder judicial, un poder legislativo y un poder ejecutivo independientes uno de otro, en un marco de garantías individuales y de libertades, y con la posibilidad de la alternancia en el poder a través del sufragio efectivo y, en particular en México, de la no reelección. Todo eso está desvirtuado.
“La destrucción de la República la culminó este Gobierno, perteneciente al régimen que empezó en 2018, con la reforma judicial, que en realidad no fue una reforma judicial: se dinamitó el Poder Judicial. Se acabó no con la Suprema Corte, no sólo con 700 jueces, no. Fue con una elección de acordeones absolutamente risible, ridícula, patética. Se acabó con 200 años de tradición jurídica y con la carrera judicial.
“¿Que siempre (jueces y ministros) fueron honestos, libres, impolutos? Claro que no. ¿Que durante todos los 200 años hubo vaivenes y hubo en todo el ámbito judicial distorsiones? Claro que sí. Pero eso requería una reforma. Eso no requería una destrucción. El edificio construido, todo lo imperfecto que se quiera, por 200 años, se dinamitó, se destruyó. Vamos a tener que construirlo desde los cimientos y espero estar allí para testiguar y para vivir la crónica, para que esas memorias de las que te estoy hablando tengan un final feliz”.
-En el discurso político actual se utilizan los términos liberal y conservador. De liberalismo.
“El régimen nunca habla de liberalismo. Habla de neoliberalismo, de los neoliberales. No tienen idea de lo que es el liberalismo. No sé cómo pueden, digamos, atreverse a utilizar esos términos, a verse en la figura de Benito Juárez o de los liberales de la Reforma, cuyo legado, precisamente, cívico, político, constitucional, legal, han traicionado y pisoteado.
“Cuando usan ‘conservadores’, en realidad son epítetos vacíos como para decir: ‘Los malos y nosotros somos los buenos’. No merece mucha atención y ellos mismos están día tras día, en la realidad, revelando quiénes son. En este país, como en la fábula aquella famosa, ya todo mundo, no sólo un niño, ya todo mundo sabe que el rey está desnudo”.
-¿Qué pueden hacer los ciudadanos ante esto?
“Bueno, hay actos que no son inmediatos, que no son políticos y que son de gran trascendencia, como esta Feria Internacional del Libro. Reivindicar al libro, reivindicar la cultura. Que la gente joven acuda a unas aulas en donde ve a personas dialogar, discutir y conversar, y sorprenderse porque no están de acuerdo y, a pesar de que no están de acuerdo, no sacan un cuchillo o no lo cancelan o no se cancelan. Al contrario, se respetan, se escuchan. Ésa es la palabra clave, la palabra escuchar. Esos son cambios culturales importantes. No son espectaculares, pero son importantes. Eso en primer lugar. Estoy hablando de Monterrey.
“En segundo lugar, con esta Feria, reclamar la importancia del norte de México con respecto a la hegemonía histórica del centro. No más centralismo. El centralismo se volvió ya casi una teología de México, ¿no? Se acabó. Es decir, la Ciudad de México es un centro teológico como si todo el norte, como dijo un día Vasconcelos: ‘Más allá de donde empieza la carne asada termina la civilización’. Pues fíjese, don José, con todo respeto, que no, que aquí en el norte y en Monterrey está la civilización, la civilización científica, técnica, industrial y la civilización racional y la civilización artística, humanística. Y aquí también es una capital del libro. Bueno, yo creo que son dos cosas. Yo prefiero ver el camino de la cultura. ¿Qué puede hacer la cultura?
“Hablar de política, ojalá exista un despertar una vez más, como en el año 86, democrático, y que el ciudadano defienda su voto. Eso es lo que le puedo decir. Y todos tenemos que poner nuestro esfuerzo en esa defensa del voto. Finalmente, todo se reduce a volver a Madero: sufragio efectivo. Ésa era la fórmula que usaba Madero: sufragio, el voto efectivo, que el voto de la persona cuente”.
-¿Considera que el norte debe levantar más la voz en los ámbitos cultural, social y político?
“Muchísimo más de lo que la levanta. Yo escribí en 1984, en el periódico EL NORTE, si no recuerdo mal, ‘La hora del norte’. Ese texto lo escribí después de visitar Monterrey por primera vez, porque el despertar democrático de México creo que empezó en Chihuahua y en Monterrey. En 1983, Luis H. Álvarez y Francisco Barrio. Y luego aquí Clariond. Aquí visité Monterrey y dije: ‘Primero, aquí me caen muy bien porque son francos y directos’. Nunca había estado en Monterrey, me sentí muy a gusto.
“No me gusta el barroquismo político y moral del centro. Me gusta el barroco artístico, pero no en la política. Me gusta lo directo, lo llano, lo franco. Me cayeron muy bien y vi que aquí había coraje cívico, entonces escribí un texto, yo creo que fue en 1984, pero a lo mejor me equivoco, creo que por ahí, ‘La hora del norte’. Y de lo que se trataba es de que despertaran políticamente, porque si no iban a seguir otro siglo como las provincias del norte que sirven a la capital del Virreinato. Allá ustedes.
“Pues (el norte) sí despertó, ¿eh? Porque despertó en el 86 en Chihuahua y, aunque vino el fraude, el País se despertó en Chihuahua. Bueno, pues el País se ha vuelto a dormir y el norte también. Ojalá despierte. Creo que es la verdad. Y la verdad duele, pero también cura”.
-Desea agregar algo?
“Sean una vanguardia, sigan siendo una vanguardia técnica, industrial, vuelvan a ser una vanguardia humanística y den una gran batalla para ser una vanguardia cívica y democrática el año que viene”.
-Habrá que releer entonces “Por una democracia sin adjetivos”.
“Y muchos otros textos más importantes que ése. Se publicó en 1984. No haría daño”.

















