- La polémica por la riña en la Clínica 47 derivó en una avalancha de reclamos ciudadanos que exhibieron el descontento acumulado por la atención médica en el Seguro Social.
Staff / El Mañana
La riña registrada en la Clínica 47 del IMSS terminó por destapar algo más grande que una discusión entre derechohabientes: el hartazgo de miles de usuarios que aseguran vivir diariamente largas esperas, saturación de servicios y una atención cada vez más distante de las necesidades reales de los pacientes.
Lejos de contener la inconformidad, el comunicado emitido por el instituto provocó una nueva oleada de críticas. Mientras la institución presumía módulos de “Trato Digno” y anunciaba revisiones internas, los comentarios de los ciudadanos se encargaron de presentar otro diagnóstico: consultorios saturados, horas de espera, falta de sensibilidad en la atención y una burocracia que, según los usuarios, parece funcionar mejor para redactar comunicados que para resolver problemas.

La molestia creció con testimonios de familiares que denunciaron presuntos retrasos en la atención de emergencias médicas y con señalamientos sobre las condiciones de las instalaciones. Para muchos derechohabientes, el video de la pelea no representa una excepción, sino el reflejo de una presión acumulada por años dentro de un sistema que consideran rebasado.
La crisis exhibe también el desgaste de las autoridades federales responsables del sector salud. Porque mientras desde los escritorios se habla de protocolos, trato digno y fortalecimiento institucional, en las salas de espera la realidad parece medirse en horas perdidas, consultas retrasadas y pacientes cada vez más desesperados.
Al final, el problema para el IMSS no fue la riña. El verdadero problema fue descubrir que detrás de ese minuto de video existe una larga fila de ciudadanos cansados de esperar respuestas que nunca llegan.

















