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Staff / El Mañana
Conocido también como bolín o tlapache, este platillo huasteco destaca por su ritual ancestral y su cocción de ocho horas.
A primera vista muchos lo confunden con el zacahuil por su gran tamaño, pero en Axtla de Terrazas y municipios vecinos el patlache —o bolín— tiene su propio lugar en el altar de la gastronomía huasteca.
A diferencia del gran tamal tradicional, el patlache se prepara colocando la carne de cerdo, pollo o guajolote al centro de dos capas de masa sazonada con adobo de chiles locales.
Todo se envuelve en hojas de plátano previamente tatemadas y se pone a hervir a la leña durante ocho horas consecutivas.
Este platillo es indispensable en celebraciones comunitarias y familiares de gran importancia, tales como:
- Fiestas de Xantolo (Día de Muertos).
- Bodas y bautizos.
- Graduaciones y convivios patronales.
Además de su rico sabor, el bolín conserva un misticismo ritual: el corazón del animal empleado se entierra como tributo a la tierra y las hojas utilizadas se cuelgan en los árboles tras el banquete.
Las cocineras tradicionales lo elaboran bajo pedido, ajustando las porciones y el tipo de carne a gusto de cada cliente.















