- Especialistas advierten efectos sociales y estructurales de viviendas reducidas.
Staff/ El Mañana
Las llamadas “mini casas” impulsadas a través del Infonavit siguen acumulando críticas, no solo por su tamaño, sino por las consecuencias sociales que generan.
En espacios reducidos donde el hacinamiento es constante, especialistas advierten riesgos como conflictos familiares, falta de privacidad y entornos poco favorables para el desarrollo de niñas, niños y jóvenes. Lo que debería ser un hogar, termina convertido en un lugar donde convivir se vuelve un reto diario.
Pero el tema no es solo social… también es estructural. La normativa establece una vida útil mínima de 30 años para estas viviendas, el mismo tiempo que los trabajadores tardan en pagar su crédito.

Es decir, cuando por fin llega el momento de celebrar que la casa es propia… también podría ser cuando empieza a “pedir mantenimiento mayor”.
Así, el modelo prioriza la colocación de créditos sobre la calidad del espacio habitable, dejando a muchas familias con viviendas que, más que patrimonio, terminan siendo un pendiente.
Porque aquí no solo se paga la casa… también se paga el tamaño del problema.

















