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Agencia Reforma
Ciudad de México 2 octubre 2026.- Anoche, la arquitecta Martha Elena Campos Newman recibió el Galardón a la Trayectoria en la décima edición del Premio Firenze Entremuros, reconocimiento que celebra su influencia entre varias generaciones de creativos del País y su aporte a la arquitectura interior en México.
Se trata de la primera mujer egresada de arquitectura por la Universidad Iberoamericana, desde donde abrió camino en un ámbito tradicionalmente masculino.
“Crecí entre hombres. Jugaba futbol con mi hermano, era la mejor por la izquierda del equipo en el parque Orizaba, y estaba acostumbrada a competir con ellos”, recordó con emoción la homenajeada.
Su acercamiento a la disciplina fue casi accidental, pues originalmente quería estudiar decoración interior, pero un profesor de dibujo la animó a ingresar a la carrera de arquitectura, decisión que marcaría el rumbo de su vida profesional.
Tras colaborar en distintos despachos optó por abrir su propio estudio, donde desarrolló proyectos de oficinas corporativas, residencias y hoteles, siempre con un enfoque integral.
“Muchas veces recibimos plantas completamente vacías, lo que yo llamo cajas de gelatina, y hay que convertirlas en espacios funcionales y agradables para quienes los habitan”, explicó Campos Newman.
La iluminación se convirtió en un eje fundamental de su trabajo. Su interés por la luz surgió en sus primeros proyectos y se consolidó con el tiempo, tanto en el diseño como en la venta de sistemas lumínicos.
“No puede existir un buen proyecto sin una buena iluminación. La luz organiza el espacio y también influye en el comportamiento de las personas”, indicó.
DESTACADA ACADÉMICA
Paralelamente, Martha Elena desarrolló una extensa carrera docente en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde impartió clases durante más de seis décadas.
Desde las aulas impulsó el desarrollo de la arquitectura interior y del diseño de iluminación, formando generaciones de arquitectos que hoy promueven estas disciplinas en el País.
“Lo que intenté transmitir a mis alumnos fue amor y entusiasmo por la arquitectura. Aprendí a ser paciente, pues es mucho comunicar el cariño que tengo por la arquitectura y por los espacios. Siempre traté de entusiasmar a los chavos a que estudiaran, se entusiasmaran y dieran lo máximo”, señaló.
Su trabajo refleja la idea de que los espacios interiores no transforman a las personas por sí mismos, sino que deben adaptarse a quienes los habitan.
El proyecto, aseguró, tiene que responder a su manera de vivir, y esa filosofía ha guiado tanto su práctica profesional como la formación de estudiantes y colegas, lo cual ha dejado un legado tangible en edificios, residencias y oficinas que conjugan estética, funcionalidad y vida cotidiana.
Con la entrega de este laurel, por decisión de siete colegas de su misma profesión, Martha Elena consolida un camino que ha elevado la arquitectura interior a un nivel profesional y académico en México, demostrando que la luz, la forma y la función pueden coexistir para crear espacios que realmente se vivan.
“Me da muchísimo gusto que, habiendo dedicado mucho tiempo de mi vida a la docencia, se me reconozca un camino y que eso haga a la gente apreciar otras formas de hacer arquitectura, porque mi obra es básicamente en interiores.
“A mí me tocó hacer oficinas en edificios poco significativos y hubo que darles calor y valor interior”, concluyó.
ASÍ LO DIJO
“Los interiores tienen que ser congruentes, no solo con el espacio, sino con el usuario”, Martha Elena Campos Newman, arquitecta.
TABLA
A detalle…
– Es pionera de la arquitectura interior mexicana y del uso integral de la iluminación en espacios interiores.
– Participó en diferentes proyectos con los arquitectos Enrique de la Mora y Félix Candela.
– Con su hermana fundó Grupo DI y fue representante en México de la firma española Metalarte.
– Donó su archivo profesional a la Biblioteca de Arquitectura de la UNAM y es la primera mujer incorporada a ese acervo.
Del baúl de los recuerdos
A lo largo de su carrera, Martha Elena convivió con varios referentes de la arquitectura mexicana. Así recuerda a tres de ellos:
Ricardo Legorreta: “era divertidísimo, soltaba unas carcajadas, tenía un magnífico humor”
Teodoro González de León: “lo conocí mucho, era a todo dar. Tenía una esposa magnifica”.
Francisco Serrano Cacho: “tenemos una relación de amistad muy buena. Él, su mujer, mi esposo Pedro de la Mora, y yo, eramos buenos amigos como parejas”.
















