Estaba en eso de acomodarme para ir a dormir cuando me despertó un pendiente sin resolver, así que puse manos a la obra y el sueño se fue de mi como por arte de magia. Ya entrado en gastos energéticos, recordé que aun no preparaba la maleta del cambio de ropa para el trance gimnasio-oficina, así que dupliqué el esfuerzo a lo Lombardi. Pero había olvidado la cena, y dispuse de los ingredientes necesarios para darle gusto al gusto, y luego me asaltó la duda de cuántas bacterias puede acumular un cestos de ropa sucia, y encendí la lavadora. Lavé los trastos y, en lo que secaba y tendía la ropa, escribí estas notas cuasi románticas mientras me sentí inspirado por la lectura de unas páginas de Rayuela. Entonces la vi de frente: mi cara, cansada como la de un babuino en el zoológico, me dijo en silencio desde el espejo que ya me había pasado de los horarios previamente programados, y un bostezo acompañó esa reflexión tardía. Entonces me di una ducha, y en la ducha recordé que no había pagado la factura del gas. El agua fría hizo de las suyas, así que busqué ropa de invierno y volví a sacar el cobertor de tigre de ese color azul eléctrico que aún me remite a mis andanzas por las sierras de Hidalgo, hace muchas noches de pasión. Y sí, el dormir y su nostalgia se apoderaron de mi consciencia obnubilada, entre ensoñaciones y momentos lúcidos lo suficientemente poderosos como para resolver un crucigrama o escribir un haikú. De alguna forma, mis planes de dormir 8 horas cada noche se echaron a perder cuando cumplí 18 años, entre el ansia de la fiesta y las obligaciones de la edad adulta. Y en ese tren de insomnio llevo poco más de 30 años. Pero igual prometí: “mañana dormiré mejor que ayer” justo cuando empezaba a amanecer. Dos cucharadas de café, creatina y listo: a exigirle al cuerpo lo que no pide porque no se sabe mandar solo, ni para dormir; y a veces ni para ir al baño, cuando asoma la mancha de la gota traicionera en un pantalón de color beige. Puras tragedias, diría mi santa madre que Dios la tiene en su gloria desde el 13 de marzo de dos años a la fecha.
















