Estos calores se están anunciando apenas, y el sol pesa de forma unánime en las calles. Dicen que viene lo peor; pero llegamos a esto porque dejamos de sembrar árboles obligatoriamente en las plazas comerciales, camellones y todo espacio público. También porque consumimos de forma inmoderada, y eso requiere materiales y energía. Llegamos a este calor porque nos queríamos sentir cómodos con tecnología, y nos alejamos del principio elemental de que somos parte de la naturaleza.
Incendios, pérdidas, sequía, y también tormentas impensadas, huracanes poderosos. Todo es un llamado: el que avisa no traiciona, y la madre tierra está enviando mensajes clarísimos. Nos alcanzó el cambio climático, y la tecnología no nos ha permitido recuperar espacios vivos. Somos víctimas de nuestra propia ambición y no nos hemos desprendido de la idea de crear a costa de destruir. Y para regresar a nuestra esencia humana, debemos leer poesía, buscar la belleza de ser parte del todo y tener apenas la posibilidad de recorrer el mundo durante un lapso más breve que un suspiro.
Desconecten el cargador, apaguen la luz, reciclen y reparen lo que pueda alargar su vida útil, no tiren basura donde no se debe, utilicen el transporte público. Parece poco, pero si lo hacemos todos, de alguna forma dejaremos un planeta habitable a las siguientes generaciones.
Si hay voluntad, hay tiempo. Llevar un libro al parque, caminar y caminar kilómetros, guardar silencio sin pantallas o luces, buscar la reflexión filosófica, dejar de tomar lo que no nos corresponde, estar en paz y negarse al exceso, eso es regresar al ser humano. Y regresar al ser humano es readaptar nuestra naturaleza a ese mundo que hace apenas 200 mil años no sabía que llegaríamos a devorar nuestro entorno. Ahora toca decorar de verde.
El verde es vida, cierto. Y poesía. Este viernes podemos pensar en no hacer nada, como dijera el filósofo Cristian Castro. Quizás en no hacer nada se encuentre no la salvación del planeta, sino la de nosotros mismos para dejar, al menos, un poco de oxígeno a quienes llegarán después.
Ellas y ellos deben maravillarse de aquello que a nosotros nos dio la felicidad de ser vida consciente. Hagamos una tarea simple: sembrar, leer, crecer. Demos el salto evolutivo que nos permita recuperar el paraíso que nos fue concedido por voluntad divina.















