“Ofrendas a Moloch” es un poemario escrito por Didier Armas, un poeta potosino que ha logrado comprender que la creación estética también puede recuperar su sentido social dentro de los vastos territorios de lo horrendo. Su lenguaje complejo, rico en imaginerías, es también un desafío para el lector.
Sin embargo existen formas de acercar este tipo de obras a la gente no tan leída y escribida y a quienes solemos cruzar por las calles con descuido y tomar los libros con resquemor. Una de esas formas es el teatro, que en este caso convierte la poesía en poeturgia, y administra de forma conmovedora los versos que exponen un dolor profundamente humano.
Ayer, en el Bellas Artes de la avenida Constitución de la capital potosina, se presentó una variante de esta obra llevada a la dramaturgia, en la cual participaron tres jóvenes actores y una veintena de niñas y niños que interpretaron uno de los roles más vergonzantes de nuestra realidad: la de los niños abandonados a una suerte que suele ser muy cruel.
Si la lectura concentrada no logra conmover al lector, la atención puesta en escena sí lo hará, lo que permite que diversos géneros y disciplinas estéticas sigan siendo un vaso comunicador entre aquellas realidades que no suelen estar en el centro de nuestra atención, y la de quienes las padecen, como estos niños devorados por los monstruos de la indiferencia.
Didier, el niño, los conoció: vivían en un aljibe del jardín Escontría; y Didier, el poeta, los rescató a través de su palabra. Ellos se autodenominaban “Los niños del futuro” y este futuro está aquí, tan dolorosamente vivo como entonces, cuando la tortura de existir solía culminar en la desaparición forzosa, la violación, el reclutamiento, la locura y la muerte.
Ojalá se repita y se difunda este llamado que es como el canto de un pájaro que en realidad es un lamento que no sabemos traducir. Ahí se los encargo, Bellas Artes de SLP.
















