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Staff / El Mañana
Especialistas universitarios documentan la herbolaria tradicional de comunidades tének y náhuatl en Ciudad Valles para frenar la pérdida de saberes ancestrales.
La riqueza natural y cultural de la región norte y centro del país resguarda secretos milenarios que poco a poco se debaten entre la modernidad y el olvido. En el municipio de Ciudad Valles, ubicado en el corazón de la Huasteca potosina, un grupo de especialistas adscritos a la Facultad de Estudios Profesionales de la Zona Huasteca ha puesto en marcha un ambicioso proyecto etnobotánico enfocado en registrar, estudiar y proteger el uso de la flora medicinal tradicional de las comunidades tének y náhuatl.
El trabajo de campo recopila testimonios y saberes principalmente de personas adultas mayores, quienes han resguardado durante décadas los métodos para tratar dolencias cotidianas, desde padecimientos gastrointestinales hasta afecciones culturales. Los especialistas señalan que este esfuerzo no solo busca compilar un catálogo de especies vegetales, sino blindar el patrimonio biocultural frente a la constante erosión cultural generada por la migración, la globalización y la falta de transmisión oral entre las nuevas generaciones de los pueblos originarios.
Detrás de esta labor científica existe un protocolo ético basado en el respeto comunitario. Antes de iniciar cualquier entrevista o recolección de muestras, se solicita el consentimiento informado de los habitantes, estableciendo compromisos firmes de retribución de resultados para evitar prácticas extractivistas y fomentar una sinergia bidireccional entre la academia y las comunidades indígenas. De esta manera, el laboratorio universitario analiza tanto las propiedades farmacológicas de los extractos vegetales como las interacciones ecológicas que sostienen la biodiversidad local, abriendo la puerta a futuras investigaciones científicas de alto impacto en beneficio de la salud pública y la preservación cultural.















