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El Separador
La carrera de The Beatles dio un giro de 180 grados gracias a Bob Dylan; no fue la incursión al mundo de las droga; sino su perspectiva literaria arraigada a Federico García Lorca. Salvador Dalí llegó al surrealismo de la mano -literalmente- del poeta español, con quien mantuvo tórrida relación de amor y odio que concluyó con la proyección del cortometraje El Perro Andaluz, dirigido alalimón con Luis Buñuel.
Lorca Elizabeth Cohen, fotógrafa canadiense, dedicó parte de su carrera a documentar la vida de su padre, Leonard, quien influyó a sus amigos del salón, que fundaron la escena Post Punk en los 80´s. Su nombre es un homenaje entre poetas.
Miembro de la Generación vanguardista del ´27 el verdadero influencer del siglo 20 postulaba que cuando al cuestionamiento y traducción de las emociones más profundas, las derivadas del amor, la muerte, la soledad o la belleza, se añade una dosis de crítica social, salen a la luz manifestaciones insilenciables. Este fenómeno se ha traducido por décadas como “el underground”, la subcapa de la vida cotidiana más inquietante para quienes se jactan de jalar los hilos del poder. El antídoto: un frasco de sedante alojado en los cajones bajo el nombre “Protección de las audiencias”.
Escribir con virtuosismo e incisión arriesga al autor a ser incluido en una lista, normalmente negra. Si Bodas de Sangre o La Casa de Bernarda Alba -obras que llevó a una audiencia rural- incomodaron desde el escenario de las anomalías sociales, El Romancero Gitano fue la piedrita poética en los zapatos del fascismo. La metáfora surreal grita a oídos sordos y abre los ojos de quien no quiere ver.
Federico sufrió persecución por homosexual y socialista. Los militares golpistas de Granada lo interceptaron entre Víznar y Alfacar para torturarlo hasta dejarlo sin vida el 18 de agosto de 1936; tenía 38 años. Su cuerpo no ha sido recuperado. Flota en una fosa común anónima o quizá, en el ordenador de algún valiente. Un monolito con letras homenajea a las víctimas del franquismo con un Lorca Eran Todos.
Naufragó en una pila de libros de remate en el Monumento a la Revolución un ejemplar de Poeta en Nueva York. Pagué más al trapero que cuidó mi auto, que al vendedor entusiasta del stand 65 que lo guardó en una bolsa negra.














