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Staff / El Mañana
Los uniformados de la corporación estatal abrieron su corazón y platicaron cómo está el rollo de rifarse la vida en las calles y luego llegar a casa a educar con el ejemplo.
En la Guardia Civil Estatal no todo es perseguir delincuentes o andar de patrullaje; detrás de cada uniforme hay historias bien chidas de jefes de familia que se parten el lomo diariamente.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Estado se armó un reconocimiento para todos esos elementos que tienen la doble y pesada chamba de cuidar a los potosinos y, al mismo tiempo, guiar a sus hijos por el buen camino.
Uno de los testimonios que más conmovió fue el del oficial Gildardo Cruz, quien con el pecho lleno de orgullo platicó que su amor por el servicio caló tan hondo en su hogar que su propio hijo decidió seguirle los pasos.
El muchacho no se lo pensó dos veces y ya se incorporó a las filas de la corporación, demostrando que el honor y las ganas de proteger a San Luis Potosí ya se traen bien puestas en la sangre.
Otro que abrió su corazón fue el policía Daniel Sierra, quien le mete duro a la educación de su retoño de apenas 10 años.
El oficial asegura que en su casa la disciplina, el respeto y la constancia no son negociables, pues sabe perfectamente que para heredar un mejor futuro hay que dedicarle tiempo de calidad a la familia, formando ciudadanos bien hechos y derechos para la comunidad.
La labor no es nada fácil, ya que las jornadas de los policías suelen ser largas, pesadas y llenas de peligro en cada esquina.
Sin embargo, estos papás de acero demostraron que cuando se quiere, se puede, multiplicándose para atender emergencias, salvar vidas y luego llegar a sus hogares con una sonrisa a revisar tareas o dar un buen consejo.
Al final, las autoridades de seguridad soltaron un agradecimiento bien merecido para todos los padres de la corporación.
Reconocieron que el sacrificio que hacen al dejar sus casas todas las mañanas es enorme, pero es el reflejo del cambio que se vive en el estado, donde se la juegan por dejarle un San Luis Potosí más seguro a las nuevas generaciones.















