Política y fútbol

Política Sapiens

Inició el Mundial de fútbol y, de nuevo, México es sede de la inauguración de este evento que atrae las miradas de millones de personas alrededor del planeta. Y el debut de la selección nacional no pudo ser mejor: 2 goles a favor versus la selección de Sudáfrica. La esperanza de un “ahora sí” se instala en la mente de los aficionados de nuestro país y eso, precisamente, nos aleja de pensar tanto en los problemas personales como en los de nuestra sociedad.

Este agente catalizador de emociones permite, a quienes ejercen el poder, generar nuevas estrategias para ejercer control social, minimizar la conversación en torno a la realidad y replantear la postura en el escenario político.

Son días de olvidarse de todo: la falta de agua, la inseguridad, los temas escabrosos y hasta la economía en riesgo ante el espíritu voluble de nuestro vecino del norte.

Luego entonces, el fútbol es político. Pasará un mes para que los mexicanos en general, y los potosinos en particular, depositen en once jugadores todas sus esperanzas, todas sus frustraciones y todos sus olvidos. Y para los estrategas del poder, será un mes de ajustes de rumbo, corrección de yerros y recomposición de equipos.

El fenómeno psicológico de un triunfo efímero da suficiente gas al cambio de narrativas porque, en efecto, estamos más acostumbrados al placer que al dolor. Preferimos una mentira piadosa y fugitiva que una verdad que nos confronte con objetividad ante lo que estamos viviendo.

Gritar un gol de la selección es como gritar el clásico ¡Viva México! de la Independencia. Esa reacción emocional nos sigue atando a un falso nacionalismo que se enajena de la inteligencia para instalarse en la beligerancia intestinal: somos bien chingones. Claro que podemos con todo. Y eso no es cierto.

El fútbol no vence nuestros temores: los oculta. Así que serán más o menos 30 días de borrachera; serán semanas donde, pase lo que pase, incluida la caída del TLC o la entrega de algún narcopolítico al gobierno gringo, nos dé igual. Somos un país de espectáculos cotidianos pero dolorosos, como la desaparición de personas, como la carencia de medicamentos en los hospitales, como la falta de garantías para trasladarse de un punto a otro.

Y aunque Claudia Sheinbaum es la primera mandataria de un país que no asiste a la inauguración de esta disputa futbolística de cada 4 años, también es la primera vez que México gana un juego inaugural. El temido abucheo pudo convertirse en la salutación de agradecimiento a una presidenta que ondea la bandera de México al final del juego, adueñándose del triunfo narrativo. Pero eso no estaba previsto en los manuales porque, en realidad, no había confianza suficiente en que la selección nacional hiciera un buen papel.

Falta ver hasta dónde llega el equipo tricolor, pero desde hoy hay que volver la mirada hacia lo que importa, recordar que nuestra vida no puede ni debe girar en torno a un balón. No dejarse engañar por la política del fútbol.

Si somos capaces de observar el tema futbolístico como un mero distractor momentáneo, también seremos capaces de no quitar el dedo del renglón de lo que nos urge y nos aqueja. Mañana, seguramente, amanecerán las calles cubiertas de basura y muchos cristales rotos. Por eso, desde hoy, pongamos el Mundial aparte, sigamos concentrados en tareas personales y no en emociones colectivas. Y hagamos de este período una oportunidad para tomar un respiro de lo que nos agobia, sin dejar de pensar en cómo solventar dicho agobio.

Si no, no pasaremos de la segunda fase de mejora social jamás. Seguiremos en el “ya merito” y bajo la duda de que aquella jugada social y personal no era penal, o sí lo era, o quién sabe.

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El Mañana San Luis

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