¿Qué demonios es el Cine de Culto?

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El Separador

No puedo desprenderme del desprecio hacia un hijoepu que me tachaba de “pinche hippie” y ostentaba su odio hacia quienes frecuentamos la Cineteca Nacional cada que se puede. Por años hicimos rico a un pinche jefe con el que colaborar en lo que podría ser un empleo normal, era muy parecido a una pesadilla por fiebre. Fue su prejuicio a mis aficiones lo que le negó el sagrado espacio para compartir el pan y la sal conmigo. Antes de cerrar la puerta de la oficina alcancé a decirle: “pinche inculto”.

Si para acceder a los círculos que conformaron nuestras pasarelas en la Universidad, la sofisticación -ensamblaje de nuestra personalidad y look- fue la llave a cierto capital cultural que anhelábamos cuando todavía no sabíamos limpiarnos las narices,
nuestra preferencia musical, literaria o cinéfila, hoy es un factor que nos aleja o acerca a conglomerados para mantener la conversación, o decir un “bueno, bye”.

Un perfil de Instagram nos habla más del otro, que el proceso que implica solicitar su número telefónico. Si habrá charla o todo quedará en un par de besos o dos choques de envase de vidrio lo determinará, me ha pasado, la respuesta a ¿cuál es tu director favorito?

“De culto” término con fecha de caducidad, se adjudicó a cintas que tuvieron dificultades para su producción, distribución y proyección; pero que con el paso de los años se volvieron famosas. De bajo presupuesto, con intenciones perturbadoras, e independientes de los grandes estudios, hoy cuentan con ediciones especiales de Criterion Collection o A24 que cuestan una fortuna. Verlas sigue siendo un viacrucis.

Para el Cine de Culto la fama es un defecto; sobrevive al margen del prestigio, la aceptación masiva y la rentabilidad. Opera como una perversión masturbatoria de quien se enfrenta a un libro, en solitario, en complicidad, desde ese lugar inesperado que ensancha nuestra experiencia estética. Body horror, malas actuaciones, crueldad y blasfemia suelen ser algunos de los ingredientes en que exponen episidios de la condición humana para dejarnos peor que antes. Yo soy fan.

Además de controversiales, son herejes; por lo que su memoria nunca las dejará con dos palomitas azules, como hizo esa dama de Whatsapp a quien lancé un ¿y ya viste…?

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