El Separador
El cine comercial está diseñado para complacer a la mayor parte de la audiencia y garantizar que el retorno de inversión -en taquilla y dulcería- sea muy jugoso. Cuando un director propone una visión específica, lenguaje y recursos narrativos, lana y riesgo propios, hablamos de cine de autor.
Danny Boyle postuló en Trainspotting, la decadencia de la sociedad desde un pueblito en Edimburgo “el culo del mundo” en una comedia de culto oscura, must watch, lo que quiera eso decir, sobre la apatía del ciudadano al final del milenio. Basada en la novela de Irvine Welsh, los detonadores creativos y matices políticos de esta cinta levantan a cualquier atrincherado de su cubículo.
Perfect Day y Lou Reed. Lust for life e Iggy Pop. Añada al coctel intravenoso Born Sleepy de Underworld y consiga el punto exacto de un escocés: ilegible, incomprensible y arrebatado; aluCine garantizado.
Trainspotting no cuenta una historia. No tiene pretensiones moralistas. Su resonancia radica en celebrar el agridulce mundo de las drogas, la suerte individual y el mundo feliz del desempleo. En este largometraje homenaje a la decepción y decadencia, un bebé camina sobre el techo y una sábana batida de mierda que cae en la mesa del desayuno.
La madre superiora. El síndrome de abstinencia. Las ganas de que el tren que viaja en sentido contrario corra a la velocidad del celuloide.
20 años después Renton, Sickboy, Spud, Begbie y Diane enfrentan sus consecuencias en la secuela: y la mano prodigiosa del destino resulta tan generosa en la taquilla como en la butaca.
“Elige una vida. Elige un trabajo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor enorme. Elige lavadora, coche, reproductor de CD y abrelatas eléctrico. Elige la televisión digital y preguntarte quién carajos eres un domingo por la mañana. Elige sentarte en ese sofá viendo concursos que te aburren y deprimen, atiborrándote de comida chatarra. Elige pudrirte al final, cagar en un hogar miserable, sin ser más que una vergüenza para los egoístas y jodidos que engendraste para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida. ¿Por qué querría yo hacer algo así?”
Trainspotting el viaje inglés que no acaba, hoy cumple 30 años de habernos roto la cabeza con un tarro de cerveza volador.













