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Londres, Inglaterra 14 julio 2026 .-Ana Mendieta, una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo de la segunda mitad del siglo 20, protagoniza la mayor retrospectiva de su obra en la Tate Modern con más de un centenar de sus piezas más representativas.
“Creo que están representados prácticamente todos los medios con los que trabajó. Se pueden ver películas, esculturas, pinturas, dibujos y, por supuesto, una gran cantidad de fotografías”, explica la curadora Valentine Umansky.
Tras la exposición que le dedicó en 2013 la South London Gallery, la artista cubano-estadounidense vuelve con obras icónicas, como su serie Siluetas, realizada entre 1973 y 1980.
“También presentamos piezas que nunca antes se habían mostrado en el Reino Unido, en particular películas recientemente restauradas. Asimismo, se exhiben cuatro pinturas que realizó cuando aún era estudiante universitaria y que nunca habían sido expuestas aquí”, explica Umansky.
“Uno de los puntos culminantes es la recreación de Old Westbury Forest, una obra que realizó en 1978 en la Universidad de Nueva York y que nunca antes se había vuelto a montar en Reino Unido. Es una pieza realmente extraordinaria porque da la sensación de encontrarse inesperadamente con un bosque dentro del museo, algo muy poco habitual”, precisa.
La práctica multidisciplinar de Mendieta abarcó performance, body art, land art, fotografía, cine, dibujo, pintura, escultura e instalación. Su obra exploró el cuerpo, la naturaleza, el exilio, la identidad, la memoria y las tradiciones ancestrales.
El exilio y su raíz
Su visión del mundo y su práctica artística quedaron marcadas por su condición de exiliada; tenía 12 años cuando llegó en 1961 con su hermana a Estados Unidos y regresó a la isla en varias ocasiones para explorar sus raíces.
“Creo que probablemente (ella) habría dicho que, ante todo, era cubana. Sin embargo, su experiencia vital estuvo marcada por el desplazamiento que sufrió cuando tenía 12 años, especialmente al formar parte de la Operación Pedro Pan, mediante la cual más de 10 mil niños fueron enviados a Estados Unidos tras la Revolución Cubana a través de misiones católicas”, cuenta la curadora.
Esa experiencia dejaría huella. “El exilio está presente en gran parte de su obra”, dice Umansky, quien piensa que su vínculo con Cuba “fue siempre fundamental”.
“Una y otra vez hablaba de regresar a lo que llamaba sus raíces. Incluso decía que había sido arrancada del vientre materno, y ese vientre simbolizaba Cuba”, afirma.
La artista comenzó a regresar a la isla a partir de 1980.
“Su primer viaje fue con el Centro de Cultura Cubana y actuó como puente entre ambos países, llevando a curadores y artistas estadounidenses a Cuba y estableciendo vínculos con la escena artística cubana”, señala la curadora.
“Por eso diría que su identidad era ambas cosas, cubana y estadounidense. Pero, sin duda, nunca perdió el amor por su patria”, añade.
Partida prematura
La trayectoria de la creadora conceptual, escultora, pintora y videoartista, quedó truncada de manera prematura; murió a los 36 años, en 1985, al caer desde su apartamento en el piso 34 en Nueva York, tras una discusión con su marido, el artista estadounidense Carl Andre, quien fue juzgado y absuelto.
A juicio de Umansky, “una de las razones por las que sigue siendo tan admirada es ese deseo constante de experimentar y probar cosas nuevas”, lo que hace que “su legado siga siendo tan vigente”.
“Aunque ella nunca utilizó el término ‘ecológico’, sus obras plantean preocupaciones medioambientales con las que hoy estamos mucho más familiarizados. En aquella época esas inquietudes apenas comenzaban a surgir entre el público general”, apunta la curadora.
Integrada por 120 obras, provenientes de colecciones privadas y de museos y colecciones públicas, la muestra titulada Ana Mendieta abre al público este miércoles y permanecerá en exhibición hasta el 17 de enero de 2027 en la Tate Modern londinense.
Con información de Pablo San Román / AFP















