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Agencia Reforma
Ciudad de México 26 junio 2026.- Al echar la mirada atrás, Gabriela Elliot suele recordar que pasó casi todos los años de su adolescencia entrando y saliendo de cárceles, desde el Tribunal de Menores hasta Lecumberri.
Como mujer transgénero que ejerció el trabajo sexual, en varias ocasiones fue blanco de las redadas que la llamada “Policía secreta” del otrora Distrito Federal realizaba en las décadas de 1970 y 1980, y que terminaban con varias detenidas siendo víctimas de vejaciones en los separos de la extinta División de Investigación para la Prevención del Delito (DIPD), en los sótanos de Tlaxcoaque.
“Ellos tenían cierta cantidad de presos que tenían que presentar. Entonces, ¿quiénes eran las más fáciles?, pues las ‘cuinas’, las gay”, recuerda en entrevista Elliot, también exvedette y cocinera pensionada.
“Y se cargaban porque hasta pelonas nos dejaban; teníamos que hacer sexo con ellos Todo lo que tú te puedas imaginar de lo peor, y no sabías ni qué día era ni nada. Ahí podías permanecer hasta dos meses”, añade.
Reconociéndola como una sobreviviente de esta guerra sucia, la exposición Gabriela Elliot. La belleza agresiva, abierta al público en el Museo de Arte Transfemenino (MAT), exhibe la demanda de hechos que Elliot presentara en 2023 al lado de Emma Yessica Duvali y Antonella Rubens debido a esas violaciones de derechos.
“Ellas son las primeras tres mujeres trans que denuncian al Estado de manera oficial, o sea, con papeles en mano. Lo cual, para mí, es algo coyuntural porque hasta ese entonces no se había hecho”, afirma Rojo Génesis, directora fundadora del MAT y cocuradora de esta exposición, quien encuentra controversial la decisión del Gobierno capitalino de hacer una Universidad de las Artes en Tlaxcoaque.
“A mí me parece que es una vergüenza que vaya a suceder eso, y que no esté sucediendo ninguna reparación económica hacia las mujeres trans. Me parece, para empezar, otra forma de violencia política; (…) el arte también es una forma de higienizar la memoria”, agrega la también artista visual.
Reparación del daño es, precisamente, lo que se busca con esta demanda presentada en el búnker de la Fiscalía de la Ciudad de México, dadas las secuelas de aquellas violaciones tumultuarias y otras torturas; “psicológicamente, todo eso nos afectó”, señala Elliot, lastimada en su última visita a Tlaxcoaque por “los recuerdos de tantas putizas” ahí recibidas.
“Lo que queremos es una reparación del daño porque pues, perdón, no vamos a ir a parar al ‘Negro’ Durazo por todo lo que nos hizo. Porque hubo muchas represalias en ese tiempo”, remarca. “El tiempo de antes era muy marginado, muy fuerte, no podíamos levantar la voz, mucho menos expresar lo que sentíamos. Fue una época mucho muy dura. Pero resistimos y aquí estamos”.
Sin remordimientos
Al margen de ese histórico reclamo de justicia al Estado, al día de hoy todavía pendiente, lo de Gabriela Elliot en el MAT es más bien una celebración.
No es fortuito, vaya. que la muestra se inaugurara el día de su cumpleaños 69, el 9 de mayo pasado; “para mí, significa algo muy bonito, (…) estos encuentros que ahora tengo al final del camino, pues han sido hermosos”, dice Elliot, también parte del proyecto Archivo Memoria Trans México -www.memoriatrans.mx-.
“A mis 69 años, me siento fabulosa”, afirma. “Me ha costado mucho trabajo ser la mujer que soy”.
Si bien no transicionó sino hasta que tuvo 28 años, en realidad jamás tuvo dudas sobre quién era.
“Desde chiquita pues quise ser mujer. El primer vestidito que me puse fue a la edad de 13 años, y ya no me lo quité. Les robaba yo los vestidos a mis hermanas; eran cuatro, conmigo cinco. Yo era la más chica. Mi mamá tenía un carácter mucho muy fuerte, y fue cuando me empecé a salir de mi casa”, comparte quien, a la postre, encontró en su madre una amiga y cómplice.
“Le costó mucho trabajo, lloró mucho conmigo, pero a final de cuentas me defendió hasta el último momento. Y gracias a ella yo no tuve el problema de mi identidad”, cuenta la mujer que volvió a ser registrada a sus 20 años, ahora como Gabriela María Estrada.
Se decidió por Gabriela, según explica, porque siempre le había gustado. Lo de Elliot lo tomó como nombre artístico de un novio que tuvo al que apodaban “El Eliot Ness”, como el de Los Intocables.
Y aquello de “La belleza agresiva”, subtítulo de la exhibición, de hecho es como a veces solían presentarla en sus tiempos de vedette, pues no se dejaba de los manolargas.
“No queríamos recaer en esta narrativa revictimizante que regularmente muestra a las mujeres trans desde un lugar luego muy morboso; (…) queríamos poner un subtítulo que también fuera desde el gozo, que en este caso fue el periodo donde Gabriela Elliot hizo mucho dinero desde la vida nocturna”, detalla Rojo Génesis.
De ahí que en la muestra puedan verse fotografías de sus días como estrella del Sans Souci, importante centro nocturno en Tijuana, así como ejemplares de las fotonovelas para adultos en las que apareció.
Hasta antes de la vaginoplastia, no obstante, debía andarse con cautela; “me la tenía que rifar, cuando yo no tenía mi cambio de sexo, me la tenía que rifar para que no me descubrieran”, relata Elliot, que en realidad no era la única.
“Imagínate, cuando estábamos en el teatro, habíamos nueve transexuales, y las demás eran mujercitas; en total éramos 15. La idea era que no se supiera, tenías que pasar como chica cisgénero”, narra. “Todas querían salir primero antes que nosotras porque éramos un desmadre, éramos más atrevidas para trabajar, mostrábamos más que ellas. ¿Quién va a pensar que eres una chica trans viéndote abierta de piernas y todo?”.
Luego de algunas duras experiencias que le cayeron como cubetazo de agua helada, Elliot dejó la vida nocturna y, como su mamá, se abocó a las cocinas del Hospital General. Ahí permaneció hasta que pudo pensionarse.
“Todos tenemos un camino ya marcado, y yo siento que todavía, si Dios me ha dado licencia de llegar hasta este término ahorita, yo siento que todavía tengo que hacer algo. No sé, pero siento que todavía hay algo para mí”, estima quien en los últimos años ha buscado contribuir a visibilizar la dignidad de la población trans.
“Quiero disfrutar mi vejez”, prosigue. “No tengo ningún remordimiento de nada, porque yo siento que todo lo he hecho tranquilamente. Dios ha acomodado los momentos bonitos en su momento. Y a seguir así, amiguito, con salud”.
Para la titular del MAT, recinto enclavado en la Colonia Doctores y que recibe apoyo del International Trans Fund, el de Gabriela Elliot es un caso al cual es necesario voltear, sobre todo dados los tiempos que corren.
“Yo siempre he dicho que ya no es una opción que las mujeres trans jóvenes volteemos al pasado. Esto es una obligación porque se viene otra vez una ola de fascismo súper fuerte, y a quien deberíamos estar preguntándoles cómo sobrevivieron a la violencia política es a las mujeres trans que lo hicieron”, subraya Rojo Génesis.
“Creo que es más que evidente que no nos vamos a salvar solas, y que hoy en día, más que nada, el pasado está presentándonos lo que va a seguir para el futuro”, refrenda.
Gabriela Elliot. La belleza agresiva, retrato de una atrevida superviviente, permanecerá abierta hasta el 25 de julio próximo en el museo ubicado en Dr. Andrade 24.















