Reformas sacuden viejas ventajas.

🔊 Escuchar esta nota informativa:

Desde la banqueta
Ericka Segura.

En política, cambiar las reglas siempre provoca sospechas, especialmente cuando una elección comienza a asomarse en el horizonte. Pero también existe una práctica bastante cómoda, llamar “retroceso democrático” a cualquier modificación que obligue a recalcular estrategias. Eso ocurre hoy en San Luis Potosí.

El Congreso tocó dos terrenos sensibles, redujo de 40 a 20 días la precampaña por la gubernatura y modificó los requisitos para encabezar la Fiscalía. Las críticas aparecieron inmediatamente, aunque conviene separar los riesgos reales del discurso político.

Enrique Galindo sostiene que “San Luis ha perdido democracia” con precampañas más cortas. Sin embargo, veinte días menos no eliminan candidatos, votos ni competencia. Incluso exhiben una contradicción del sistema, buena parte de quienes aspiran a gobernar ya recorren municipios, aparecen públicamente y construyen estructuras mucho antes del arranque oficial.

Entonces, ¿realmente otros veinte días garantizaban equidad?

La reducción también puede obligar a los partidos a definir mejores perfiles, organizarse y evitar eternas precampañas convertidas en campañas disfrazadas. La democracia no necesariamente aumenta mientras más tiempo dure la promoción política.

La Fiscalía abre otro debate. Permitir que el próximo titular no sea necesariamente potosino y reducir de cinco a dos años la residencia amplía el abanico de candidatos. El origen geográfico nunca ha sido garantía de capacidad, autonomía ni resultados.

Además, existe un elemento que contradice la narrativa del supuesto movimiento inmediato, María Manuela García Cázares conserva su periodo hasta 2031. Si realmente se hubiera diseñado la reforma únicamente para removerla, mantenerla en el cargo sería difícil de explicar.

Eso no significa entregar un cheque en blanco al Congreso. Debe justificar los cambios, cuidar el procedimiento y demostrar que las nuevas reglas fortalecen las instituciones.

Pero tampoco toda reforma es automáticamente una amenaza.

Quizá el verdadero problema para algunos no sea que el Congreso haya cambiado la cancha, sino que varias fuerzas políticas ya tenían calculada la partida con las reglas anteriores.

Y cuando las reglas cambian, también cambian las ventajas.

Shares