Staff / El Mañana
Encuesta del INEGI desmorona la narrativa oficial del alcalde potosino
Mientras el alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos insiste en mantener un protagonismo desmedido y colgarse falsos milagritos en temas de seguridad, la cruda realidad de los servicios básicos le estalla en la cara.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI vino a ponerle nombre y apellido al descontento social, demostrando con números duros que la ciudadanía potosina le da una calificación reprobatoria a su gestión en las necesidades más urgentes de la ciudad.
El golpe más duro para la administración de Enrique Galindo está en las llaves de los hogares potosinos.
Según el reporte oficial, un vergonzoso 38.5 por ciento de los habitantes considera que el suministro de agua potable es constante; esta cifra hunde a la capital potosina como la quinta peor calificada de todo el país, compitiendo en ineficiencia con estados históricamente rezagados como Guerrero, Oaxaca o Hidalgo.
Por si el desabasto fuera poco, la calidad del líquido es otro dolor de cabeza que el edil se niega a ver.
Apenas un raquítico 11.5 por ciento de los encuestados está satisfecho con la potabilidad del agua, quedando muy por debajo de la media nacional.
El desprecio ciudadano es evidente: 4 de cada 10 potosinos se declaran abiertamente insatisfechos y frustrados con el pésimo servicio que reciben diariamente de este ayuntamiento.
El desencanto y la falta de rumbo también alcanzaron al servicio de recolección de basura.
La oportunidad del paso de los camiones recolectores quedó estancada por debajo del promedio de la república, mientras que la satisfacción general apenas raspa la media nacional con un 72.4 por ciento, dejando claro que el abandono en las colonias es generalizado.
Esta alarmante insatisfacción social echa por tierra los discursos triunfalistas y los costosos maquillajes publicitarios con los que se pretende ocultar la ineficacia gubernamental.
La insistencia del edil por presumir medallas ajenas contrasta de manera cínica con el calvario diario que padecen los ciudadanos, quienes tienen que lidiar con el desabasto, la suciedad y la inoperancia de servicios públicos que simplemente no dan el ancho.
















