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RESEÑA DE ONIMUSHA: WAY OF THE SWORD

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Agencia Reforma

Ciudad de México 5 octubre 2026.- Onimusha Way of the Sword regresa tras dos décadas con un combate adictivo, brutal y lleno de parrys, Issen, almas y una gran ambientación.

Si los videojuegos fueran hijos, Resident Evil, Street Fighter y Monster Hunter serían los consentidos de Capcom. Miyamoto Musashi, protagonista de Onimusha, sería el vástago comodín, que tiene sus momentos bajos (con Onimusha: Dawn of Dreams), y sus picos de calidad. En este último caso se encuentra Onimusha: Way of the Sword .

Decidí traer al frente la palabra “tragicomedia” porque no hay nada que defina mejor esta historia. Musashi es un desmadre, en el mejor sentido de la palabra, pero atraviesa momentos tan oscuros y de crueldad, provocados tanto por la sevicia de sus enemigos como por su inquebrantable orgullo, para sentarse a llorar a moco tendido. Todo esto envuelto en una jugabilidad sólida, adictiva, que no le pide nada a un ‘soulslike’ (funado en 3,2,1.).

Su primera entrega, Onimusha: Warlords, nos ponía en los hombros de un samurái del Japón feudal que enfrentaba fuerzas místicas. No es que Capcom lo admitiera, pero la inspiración en Resident Evil era clara. Su jugabilidad a cámara fija, los acertijos, los limitados ítems, vamos, ¡hasta la salud se recobra con una hierba verde! Way of the Sword tira ese molde a la basura y se reinventa como un RPG de acción con ADN de Dark Souls.

De entrada, modelar a Miyamoto Musashi a partir del mítico Toshiro Mifune, el actor fetiche del cineasta Akira Kurosawa con quien trabajó en Rashomon, Los Siete Samuráis y Yojimbo, es una pasada. Vi estas películas y no solo se nota la calca del rostro, también sus gestos. La ficción es la historia del Japón de antaño, con bastantes licencias. Al final, Capcom no pretende una representación histórica.

La trama es un camino del héroe estándar: Musashi cae en una pelea que sale mal, roza la muerte y despierta con el guantelete Oni pegado al brazo, un artilugio que devora almas, lo mantiene con vida y le otorga ventajas en batalla. Él no pidió ese poder y como es un orgulloso que considera que la fuerza se gana a pulso, su primer objetivo es arrancarse el dicho artilugio. La cosa es que, para conseguirlo, irónicamente, tiene que usarlo.

A partir de ahí se involucra en una guerra contra los Genma, unos demonios que se cuelan desde el infierno y pudren a Kioto con una corrupción llamada Malice. Su rival de toda la vida, Sasaki Ganryu, anda metido en el mismo lío con un guantelete gemelo. No digo más porque prefiero que se sorprendan. En su lugar, les contaré de la experiencia de juego, que se sintetiza en pelear, pelear y ah sí, PELEAR.

Me parece que hace mucho no me sentí inmerso en un juego así. Se viene otra funa, pues me gustan los ‘soulslike’, no tanto el mismo Dark Souls. Disfruté mucho Elden Ring Nightreign, pero no me convenció el Elden Ring original. Disculpen, como oficinista promedio me desesperan las cosas crípticas, no tengo tiempo. Por eso tampoco me gusta el cine de Goddard, Lynch o Kubrick. Muéstrame de qué va esto o vete al diablo.

Onimusha: Way of the Sword, opino, conserva la jugabilidad adictiva del parry, ataque, esquive, inventario y habilidades en combate de uso vertiginoso del espíritu Souls sin el misticismo arrogante y exploración aburrida. Vine a jugar, no a pensar, para eso mejor leo un libro.

Bien. Lo primero que te quita un peso de encima es que atacar y correr no gastan estamina. Musashi siempre está al cien, lo cual significa que el juego no te castiga por ser agresivo. El estado de la cuestión está en la defensa. Bloquear, esquivar, parry, desviar y el sistema de Issen, esos contraataques críticos de reducida ventana de uso, serán el pan de cada día para Musashi.

Lo brillante no es que haya un montón de herramientas, sino que cada una tiene su sitio. El parry te abre al enemigo y carga el Medidor de Ardor, que prende tu espada y sube el daño. El desvío renuncia al contraataque, pero vacía la postura a lo bestia: oro puro contra los acorazados. La esquiva es lo más seguro y la mejor opción contra ataques sin arma; bien temporizada activa Esquivas Reflejo y los Combos Reflejo.

El Issen es el santo grial, aunque fallar te deja expuesto al golpe directo. Ah, y sí, se puede parar un rayo con él. Aquí Capcom hace el truco inverso a FromSoftware. Donde Hidetaka Miyazaki destila y te da poquitas mecánicas que funcionan como relojes, Capcom acumula. Es un exceso, solo que un exceso medido, divino. Cuando le vacías la postura a un jefe, eliges qué parte rajarle con un Break Issen, punto rojo para máximo daño, o morado para un ataque medio (en este obtienes Almas). Durante las secuencias se disfruta ver cómo las chispas en el acero de las espadas salpican la pantalla.

El sistema de Almas cierra el círculo: amarillas curan, rojas son moneda de mejora, azules recargan las Armas Oni. Y ojo, que los jefes también absorben almas. Si se las dejas, se potencian y desbloquean ataques antes de tiempo. La sensación táctil es de lo mejor del año. Quiero decir, no parece que ejecutes una animación de catálogo, parece que paras ese golpe concreto, de ese enemigo concreto.

Ahora, los flancos descuidados, donde la tragicomedia se vuelve, por momentos, sitcom de los 90. Way of the Sword no es una sucesión limpia de fase-jefe-fase. Estamos ante un mundo abierto, un pequeño Kioto como escenario principal, que entre misión y misión central, te da lata con encargos (coleccionables) de vecinos.

La variedad suena bien, así accedes a mejoras de espada, del guantelete, ropa, amuletos, árboles de habilidades, y empuja la exploración. En la práctica, venir de un combate durísimo que te dejó sin aliento a un mapa cargadito de personas random para que hagas de mandadero se siente anticlimático. ¿Te imaginas tener tanto poder como para derrotar criaturas malignas y ser el mensajero de Kioto? El concepto de samurái legendario se deshace entre mandados.

El pecado capital, sin embargo, es la reutilización. Minijefes como el Byakue o el Dohatsu-ten reaparecen docenas de veces, y hay jefes principales que repites una barbaridad.. Las peleas son sensacionales, no me malinterpreten, pero cada repetición alimenta ese pensamiento intrusivo de nombrarlo como relleno. La IA de los enemigos normales es más bien discreta, y contra grupos los Genma se quedan pasmados esperando su turno para atacar como en cualquier producción de Hollywood.

¿Cuánto dura en realidad? He visto gameplays de hasta 12 horas, aunque si no te clavas, te llevará entre 20 y 25 horas terminar lo principal. Que lo vivas como virtud o como condena depende, sobre todo, de tu paciencia para completar tareas secundarias.

En lo técnico impresiona. Capcom saca a pasear el viejo conocido RE Engine, motor actual de la saga Resident Evil. Bosques de espeso follaje, palacios en ruinas, aldeas devastadas y algún entorno de pura fantasía, todo con un diseño de monstruos exquisito y una banda sonora que no se olvida de los sonidos tradicionales de Japón.

Las cinemáticas están entre las mejores que ha dirigido la compañía, tanto que se nota el bajoncito de iluminación cuando vuelves al gameplay. ¿Te acuerdas de la intro de Onimusha 3: Demon Siege con Donnie Yen? Pues aquí hay duelos igual de llamativos, pero jugándose, no en CGI.

CONCLUSIÓN

Onimusha: Way of the Sword es el mejor regreso que podíamos soñar tras dos décadas de silencio. Su combate, sus animaciones faciales y su ambientación rozan el cielo. De vez en cuando habrá que chutarse la tarea de recados repetitivos sí y de acuerdo, la estructura de mundo semi abierto lastra el ritmo, así como la reutilización de jefes le resta credibilidad. Aún así, si lo tuyo es el reto y las batallas memorables, este es uno de los juegos del año.

Quizás las listas de tareas y el acariciar gatos para llevarle cuero a la costurera te sacan de la experiencia. Como yo lo veo, son una especie de pago para llegar a esas frenéticas peleas que te tendrán al filo del asiento. O mejor dicho por Takamura, uno de los personajes más sabios y farmeador de aura que haya visto en videojuego alguno:

“Si vives por y para la espada, la batalla lo es todo”.

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