- Tras una semana de protestas y denuncias por una violación en Derecho, la normalidad universitaria sigue marcada por miedo, impunidad y promesas incumplidas.
Staff/El Mañana
La Universidad Autónoma de San Luis Potosí retornó ayer clases con el fantasma del acoso sexual que no fue resuelto durante años.
En la Facultad de Ciencias, el regreso a las aulas estuvo marcado por la instalación de los ya conocidos tendederos de denuncias de acoso, recordatorio silencioso de que el problema no se limita a un solo caso.
Los estudiantes dejaban en claro, mediante carteles y mensajes directos, que la violencia y la vulnerabilidad persisten en todos los rincones de la universidad.

Frases como “Me da terror que esto se acabe y todo siga igual” y “Nos violan, nos matan y nos vulneran” evidencian el descontento y el miedo de la comunidad.
No sólo señalan a compañeros, también cuestionan a docentes, dejando claro el profundo patrón que se vive en la institución no de ahora, sino desde hace muchísimos años.
Lo más reciente y que motivó el paro y las protestas fue la violación dentro de la universidad de una estudiante de la Facultad de Derecho por parte de dos de sus compañeros –ya detenidos– y un tercero externo que sigue prófugo.
La indignación se tradujo en tomas, bloqueos y marchas que recorrieron la capital durante más de una semana, con confrontaciones de la comunidad estudiantil con sus propias autoridades. El retorno a clases fue parcial desde el miércoles, pero no borró la sensación de alarma ni la exigencia de justicia que marcó cada protesta.

Algunas facultades retomaron actividades, pero otras permanecieron en pie de lucha hasta ayer que se reactivó en su totalidad.
El rector Alejandro Zermeño y su círculo enfrentan la presión de una exigencia colectiva que va más allá de los pliegos petitorios. La exigencia no es solo justicia para la víctima, sino un cambio profundo en la cultura universitaria, para que los tendederos, los carteles y los gritos de alerta no sigan siendo la forma en que la UASLP recuerda que la seguridad y la equidad siguen siendo una asignatura pendiente.















