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Staff / El Mañana
Zaragoza celebró la novena reunión de CODESOL, aunque para muchas y muchos asistentes aquello ya no parecía un espacio de diálogo, sino una resistencia. Entre suspiros discretos, miradas cansadas y ese silencio incómodo que solo provoca una reunión que nunca termina, los consejeros “aceptaron” nuevos acuerdos más por agotamiento que por convicción. Al final, ¿qué otra opción quedaba? Levantar la mano, asentir y esperar que esta vez —solo esta vez— las promesas no se guarden en el cajón habitual.
La presidenta municipal, Amada Zavala, reiteró su compromiso de llevar progreso a cada comunidad, hablar de futuro y reforzar la cercanía con la ciudadanía. El discurso institucional sonó impecable, pero afuera, en la conversación digital, el contraste fue brutal: habitantes que reclaman carreteras apenas raspadas, obras que no avanzan y reuniones que se multiplican mientras las soluciones siguen en borrador.
A estas alturas, incluso los más pacientes saben leer entre líneas. Cada acuerdo firmado se parece demasiado al anterior, cada promesa nueva tiene el eco de las que no se cumplieron, y cada sesión de CODESOL parece un ritual más para cumplir el calendario que para transformar el municipio.
Las sillas se levantaron, los papeles se guardaron, la foto oficial se tomó… y la ciudadanía volvió a repetir la misma pregunta que nadie en la mesa quiso responder: ¿cuándo veremos resultados y no solo reuniones que envejecen mejor que los acuerdos que producen?
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