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Staff / El Mañana
En la jungla de asfalto potosina, donde el auto es rey, estalló una guerra de dos ruedas. El alcalde Enrique Galindo Ceballos, durante entrevista a medios al ser cuestionado sobre los espacios de los ciclistas en la capital, comentó que todo estaba bien, que “todos estaban de acuerdo” mientras en las calles los ciclistas locales, esos románticos que aún creen en la movilidad sustentable, pegaron el grito en el cielo ante la voraz desaparición de sus raquíticos espacios de estacionamiento, hoy convertidos en feudos de motocicletas.
Evidencias en redes muestran la cruda realidad: herrajes para candados de bicicletas sepultados bajo una marea de motonetas. Mientras la autoridad se quiebra la cabeza diseñando planes de movilidad de escritorio, las calles demuestran que el civismo avanza a paso de rueda ponchada.
Para los afectados, la molestia no es menor. Señalan que la invasión los expone a robos, mientras ven cómo los motores colonizan sus áreas con total impunidad.
La crítica apunta a Tránsito Vial, cuya pasividad expone una alarmante miopía: en lugar de ordenar el crecimiento de un sector, se desviste a un santo para vestir a otro. Los ciclistas exigen que se respete su derecho a rodar, pero sobre todo, a parar.















