Ruth y el camino verde hacia Palacio de Gobierno.


Octavio César Mendoza


La política potosina no es ajena al vértigo. Y en ese vértigo, el nombre de Ruth González Silva ya no es rumor: es cálculo y estrategia. El “destape” que Manuel Velasco coreó en el Senado con un “¡Gobernadora!” retumbó hasta la Plaza de Armas; pero entre el grito y la boleta hay un desfiladero de obstáculos que la senadora del Verde tendrá que cruzar con más que encuestas de popularidad.
Su adversario, hoy, no es Morena, ni el PRI, ni el PAN, sino la palabra que ya le tatuaron sus malquerientes al proyecto: nepotismo.
Ahí está el primer campo minado: si va en alianza el Verde con Morena, obstáculo. Si va sola con el Verde, destino. Por eso Ruth repite que el Verde es primera fuerza en SLP y pueden ganar sin Morena. Deberá convencer al electorado de que no es imposición conyugal, sino proyecto propio. Voluntad. Idea de lo que desea construir como mandataria. El gobernador Ricardo Gallardo ya argumentó que no es nepotismo porque aplica en nombramientos como funcionaria pública estatal. El debate jurídico será técnico; el debate en la calle será emocional. Ahí está el famoso meollo del asunto.
La “Ley Esposa” —la reforma de paridad que obligaba a postular mujeres en 2027 en SLP— fue vetada tras el diferendo con Sheinbaum, pero la idea quedó sembrada en sus adversarios. Ruth tendrá que cargar con ella cada que pise una colonia, y por ello deberá fortalecer su discurso con propuesta.
Karen Castrejón, dirigente nacional del Verde, ya trazó la ruta: vamos por nuestra cuenta en San Luis Potosí, y Ruth lo secunda: “Tenemos la fuerza suficiente para ganar sin alianzas”.
El problema es aritmético y político. En 2021 Morena fue cuarta fuerza en SLP; en 2024, tercera. Pero Morena es el partido de la presidenta y tiene la maquinaria federal. Romper implica tres riesgos: que Morena postule a un cuadro competitivo y divida el voto obradorista; que desde Palacio Nacional se opere contra el gallardismo; y que el PT, socio natural del Verde, titubee. Hoy las encuestas le dan 45.1% a Ruth contra 31.9% de Gerardo Sánchez Zumaya, de Morena-PT.
Demostrar que es más que “la esposa de” es lo importante.
Ruth González tiene currículum: Ciencias de la Comunicación, presidenta del DIF en Soledad 2015-2021 y del DIF Estatal 2021-2024, senadora con 38% de los votos en 2024, 101 iniciativas presentadas. Preside la Comisión de Relaciones Exteriores, América del Norte. Y es joven. Tiene fuerza, carácter y derecho de aspirar a gobernar.
Pero en política la biografía pesa menos que la percepción. “Todavía no, senador”, le respondió a Velasco. Y en febrero de 2025, ahora se dice lista. Ese tránsito del “no” al “sí” será leído como cálculo. Tendrá que llenar de contenido el eslogan. Mujeres, movilidad, medio ambiente y juventud han sido sus temas en el Senado. Necesita convertirlos en narrativa estatal: ¿qué haría distinto a Gallardo?, ¿dónde corregirá?, ¿dónde profundizará?
Pero ella misma también admite que existen diversos perfiles competitivos dentro del Verde y que todo se definirá por encuestas. Sabe que ha logrado tender un puente de ventaja entre su intención y su posibilidad.
Sin embargo, la política es un archipiélago de lealtades. Si la candidatura se procesa como dedazo familiar, la fractura es inminente. Si se abre, aparecen los otros aspirantes y el riesgo de fuego amigo. Ruth dice que decidirá entre noviembre y diciembre. El reloj corre.
La marca Gallardo es activo y pasivo.
Ser la primera dama del estado da estructura, territorio y programas sociales para presumir, pero también da desgaste. Sus logros personales son su currículum, y los fallos y aciertos del gobernador son su punto de arranque. Ella debe transmitir lo que desea para las y los potosinos.
A eso súmele la narrativa nacional: la 4T no quiere herencias. Cada spot de Morena contra el nepotismo llevará, aunque no la nombren, su fotografía. Para Morena es clara su estrategia si van con una candidatura propia.
Si Ruth González quiere ser candidata, deberá hacer cuatro cosas antes de diciembre: desmarcarse sin romper; construir identidad propia frente al gallardismo sin dinamitar la base que la sostiene; blindar la candidatura jurídicamente e ir sin alianza, o arriesgarse a que los tribunales bajen la postulación por estatutos de Morena, en su caso.
Pero, a pesar de todo, hasta hoy tiene el poder de alcanzar su meta, si logra narrar el para qué quiere ser gobernadora, explicar a San Luis Potosí por qué la continuidad de un proyecto requiere su nombre y no el de otro verde, y resistir la embestida nacional, porque si la 4T decide hacer de SLP el ejemplo antinepotismo, la campaña será dura.
Hoy lidera encuestas. Hoy tiene el aparato. Hoy tiene el destape; pero en San Luis Potosí las gubernaturas no se heredan, se ganan.
Ruth González Silva no enfrentará no solo una elección, sino también un juicio sobre el poder, la familia y los límites de la 4T en tierra gallardista. Y ese juicio empieza ya, aunque ella siga diciendo que todavía no decide.
Si decide, tiene que ser con proyecto, discurso y energía propia. El lazo familiar no debe ser obstáculo, ni impulso o soporte. Su propia historia tiene que ser más poderosa y llamativa que la de su eventual antecesor.

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