Staff / El Mañana
Hay declaraciones que, más que aclarar, terminan revelando lo que antes se intentaba ocultar. El alcalde Enrique Galindo Ceballos reconoció públicamente que existen problemas de seguridad en colonias de la capital potosina, justo después de que su propia administración presumiera cifras positivas y discursos optimistas sobre el control de la delincuencia. La contradicción no pasó desapercibida.
Durante la entrevista, el edil admitió que zonas como la Central de Abastos requieren vigilancia constante debido a detenciones frecuentes relacionadas con narcomenudeo y conflictos internos, lo que rompe con la narrativa reciente que intentaba presentar un panorama bajo control. En pocas palabras, mientras los números oficiales hablaban de avances, la realidad obligó a matizar el discurso.
El alcalde defendió además la actuación policial bajo un enfoque de prudencia y contención, priorizando evitar enfrentamientos armados. Sin embargo, el reconocimiento de escenarios complicados abre una pregunta inevitable: ¿se trató de un ajuste honesto al diagnóstico o de una admisión forzada ante hechos que ya no podían negarse?
La política municipal parece moverse entre dos versiones: la que presume resultados y la que reconoce problemas cuando la presión pública lo exige. Y en medio de ambas queda la ciudadanía, que escucha cifras alentadoras mientras enfrenta una percepción distinta en las calles.
Porque en política, admitir fallas puede ser un acto de transparencia… pero hacerlo después de presumir lo contrario también puede interpretarse como una contradicción que debilita la credibilidad del discurso oficial.














