Tras Bambalinas
Por Juan de la Plaza
En política se puede debatir casi todo, menos los datos cuando son claros. Y hoy, guste o no, las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran una tendencia a la baja en delitos de alto impacto en San Luis Potosí: homicidio doloso, robo de vehículo y secuestro van en descenso.
No es casualidad. Hay una estrategia que se viene aplicando desde el arranque del sexenio de Ricardo Gallardo Cardona y que tuvo una prueba de fuego hace apenas unos días, cuando medio país vivió tensión tras la detención de Nemesio Oseguera, “El Mencho”, líder del CJNG. Mientras en estados vecinos hubo reacciones violentas, en territorio potosino prevaleció el orden. Eso no ocurre por suerte.
Uno de los pilares ha sido la creación y consolidación de la Guardia Civil Estatal. No fue solo un cambio de nombre. Se invirtió en patrullas, equipo, tecnología de videovigilancia y capacitación. Se amplió la cobertura en la zona metropolitana, pero también en regiones que durante años estuvieron prácticamente olvidadas en materia de presencia policial.
Conviene recordar cómo estaba el panorama en el sexenio anterior. La seguridad dejó de ser prioridad, la disciplina se relajó, muchos elementos terminaron en tareas administrativas y se perdió el control operativo. No había liderazgo firme y la delincuencia aprovechó el vacío. El resultado fue un deterioro que hoy todavía cuesta revertir.
Actualmente existe coordinación real con la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa Nacional. Los operativos conjuntos han permitido desarticular células criminales y mejorar la capacidad de reacción. El gobernador ha sido constante en las Mesas de Construcción para la Paz, a diferencia de algunos alcaldes que suelen ausentarse, pero no desaprovechan el tema cuando se trata de declaraciones mediáticas.
La estrategia no se ha limitado al patrullaje. También hay una visión preventiva: rescate de espacios públicos, mejor iluminación, impulso al deporte y programas sociales que buscan reducir factores de riesgo. La seguridad no se construye solo con armas y uniformes, también con oportunidades.
A más de la mitad del sexenio, el balance es favorable si se compara con etapas anteriores y con la crisis que enfrentan estados como Zacatecas, Jalisco o Tamaulipas. El desafío ahora es claro: mantener la tendencia a la baja y consolidar un modelo que trascienda gobiernos.
Porque en seguridad no se trata de discursos, sino de resultados. Y, por ahora, los números hablan.













