Staff/ El Mañana
La llamada Ley Serrano ya encontró su primer clásico político. De un lado, el alcalde Enrique Galindo Ceballos; del otro, el diputado Héctor Serrano Cortés. El motivo: una reforma sobre inteligencia artificial que terminó convirtiéndose en un intercambio de acusaciones.
Galindo abrió el frente al considerar que la legislación debería desaparecer y sostuvo que representa un riesgo para la libertad de expresión, al permitir que ciudadanos, comunicadores y usuarios de redes sociales puedan enfrentar consecuencias legales por contenidos difundidos en internet.
La respuesta llegó desde el Congreso. Héctor Serrano defendió la reforma y lanzó un dardo directo al alcalde capitalino, al señalar que lo observa como el “autor intelectual” de los señalamientos y críticas que se han generado contra la ley.
Mientras uno advierte censura disfrazada de regulación, el otro argumenta que se busca poner límites al uso indebido de herramientas de inteligencia artificial para evitar afectaciones a terceros.
Por ahora, la discusión parece menos tecnológica y más política. La inteligencia artificial quedó en segundo plano y el debate se trasladó al terreno de los señalamientos personales, donde ninguno parece dispuesto a bajar el volumen.


















