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Agencia Reforma
Ciudad de México 19 octubre 2026.- Places/Traces (Lugares/Huellas), la primera exposición individual de Iñaki Bonillas (CDMX, 1981) en Londres, reúne seis piezas alrededor de una pregunta: ¿Qué huellas dejan las personas, las imágenes y los edificios en los lugares que habitan?
Su trabajo se despliega en Obra, el nuevo espacio cultural del estudio mexicano de arquitectura Sordo Madaleno, instalado en una antigua bodega industrial junto al Regent’s Canal, en la zona de King’s Cross.
Concebido como una biblioteca abierta, laboratorio interdisciplinario y sala de estar pública, Obra busca ir más allá de una galería convencional. Fundado por Fernando Sordo Madaleno, quien encabeza la oficina londinense del despacho, aspira a convertirse en un punto de encuentro para la diáspora latinoamericana en Londres, así como para artistas, arquitectos y públicos de otras disciplinas.
Inaugurado en abril pasado con Memory as Material (La memoria como material), el espacio extiende la vocación de un estudio fundado en México en 1937 al abrir su práctica al intercambio cultural entre México, América Latina y Londres, con una programación que combina exposiciones, conversaciones, talleres y proyecciones.
La noción de archivo une así la práctica de Bonillas con la de Sordo Madaleno, cuyo legado abarca tres generaciones.
Bonillas heredó de su abuelo materno un archivo de cerca de 4 mil fotografías distribuidas en 30 álbumes, al que denominó Archivo J.R. Plaza. En él, además de escenas familiares, abundan los autorretratos en los que su abuelo recrea personajes y fotogramas de westerns clásicos, en particular de películas de John Wayne.
Ciudad y paisaje nació de dos fotografías que su abuelo colocó frente a frente en un álbum: una del edificio de Rectoría de Ciudad Universitaria y otra de un paisaje desértico. Esa pareja de imágenes le sugirió un “antes y después”.
“Cómo el paisaje poco a poco va siendo devorado por la ciudad, por los desarrollos inmobiliarios”, dice desde Londres.
Pero matiza su lectura: para él, Ciudad Universitaria también representa un proyecto que se adaptó al terreno volcánico en lugar de borrarlo, resultado de una colaboración entre arquitectos, artistas e ingenieros.
La obra explora, además, lo que una sola fotografía deja fuera.
“La foto tiene esas limitaciones, digamos, y esa naturaleza de fragmentar la realidad”, observa.
Bonillas buscó en su biblioteca más imágenes de Ciudad Universitaria y, en la colección de revistas National Geographic heredada de su abuelo, fotografías de paisajes desérticos.
En la versión presentada en Obra convirtió las antiguas proyecciones de diapositivas en dos collages que flanquean la fotografía de Rectoría. El tríptico quedó ajustado a las dimensiones de un nicho, y por azar, la imagen central recuperó la escala original del álbum de su abuelo.
“Este trabajo pues ya llevará en su memoria las dimensiones de ese nicho”, señala.
Como ocurrió con Ciudad y paisaje, Bonillas modificó varias piezas en función de las características arquitectónicas de Obra, desde las columnas y ventanas hasta la vista al canal, conectado con el río Támesis, que corre junto al edificio histórico.
“Quise agregarle una capa adicional (¦) a los trabajos que estoy revisitando y readaptando a este espacio”, explica. De manera que cada uno pudiera llevarse “una marca del lugar para el cual fueron modificados o revisitados”.
La instalación fotográfica original El cuento del barco que se hunde transformó un espacio acristalado de un edificio en la esquina de Insurgentes y San Luis Potosí, en la colonia Roma, en una suerte de cabina de barco.
La fotografía, con el horizonte inclinado, hacía que la ciudad pareciera hundirse, mientras un piso brillante simulaba la entrada del agua.
“Cuando tú entras parece que la ciudad se está hundiendo, cosa que está pasando, pero aquí lo exageré todavía más”, recuerda.
En Obra presenta una fotografía de aquella instalación como caja de luz. Eligió esa vista porque permite trazar una conexión visual entre la torre HSBC y la antigua torre de Mexicana de Aviación, un vínculo simbólico entre Inglaterra y México.
Secrets procede de una investigación sobre las huellas físicas que el mobiliario deja en los espacios arquitectónicos. En particular, las marcas de los muebles sobre las alfombras de la Casa Luis Barragán.
Al moverlos apenas unos centímetros, Bonillas fotografió las impresiones que habían dejado durante décadas y el contraste entre las zonas protegidas y aquellas expuestas a la luz y al uso.
“Es una suerte de doble fotografía, la que se hizo simplemente en estos años de gravedad y luego la fotográfica”, resume el artista, cuya obra ha sido expuesta en la Casa Luis Barragán, la Utopia Station de la Bienal de Venecia y en el MoMA de Nueva York.
El interior conserva así un registro material del tiempo, incluso antes de que intervenga la cámara.
La investigación también surgió de una tensión que Bonillas encontró en la casa de Barragán, donde convivían numerosos espacios de almacenamiento con una vida marcada por la soledad.
“Da la sensación que hay una tensión ahí entre lo que se muestra y lo que se esconde”, observa.
Ahora, algunas imágenes de aquella exposición están impresas sobre acrílico y colocadas en las ventanas de Obra, de modo que el interior de la casa se superpone al paisaje londinense.
En 2007, Bonillas fotografió 36 fachadas inclinadas de la colonia Roma, con la cámara nivelada para registrar su declive. Esta trabajo dio origen a Espectador del naufragio.
“Más que casas, en efecto, parecen barcos a punto de naufragar”, expresa.
Para Obra escogió cuatro fachadas, en diálogo con las cuatro columnas del espacio, y combinó positivo y negativo, como si mostrara la “radiografía de un cuerpo” cuyos huesos se desplazaron.
Hay, además, un naufragio literal en la historia de la pieza. Bonillas expuso los negativos fotográficos en cajas de luz, aunque estaban hechos para permanecer en la oscuridad, y terminaron quemándose.
“Ha sido un dolor de cabeza intentar salvar esos trabajos del naufragio”, admite. La exposición en Londres le ofreció la oportunidad de recuperar y reinterpretar esas imágenes.
En otro de los proyectos, Bonillas fotografió los reflejos de láminas de un antiguo portafolio de interiores parisinos sobre una placa de cobre utilizada para heliograbado.
La obra surgió de su colaboración con el impresor Mike G. Counahan, cuya labor le permitió conocer el largo recorrido material de una imagen antes de llegar al papel.
El cobre debe adquirirse, cortarse y pulirse en distintos lugares antes de llegar al taller para convertirse en una matriz de impresión. Bonillas comenzó a imaginar todas las imágenes que esa superficie había reflejado durante sus desplazamientos.
“Tú ya imagínate esa superficie que es un espejo que ve el mundo en colores naranjas, la cantidad de imágenes que ya reflejó mientras estuvo trasladándose de un espacio a otro”, plantea.
Para realizar la obra utilizó una placa usada que le proporcionó Counahan y sobre ella reflejó las láminas de un decorador parisino de los años 30, encontradas en una librería de viejo.
El resultado parece, en sus palabras, “como si se estuvieran diluyendo los recuerdos”.
Imprimió las fotografías en Fujiflex, un material de superficie muy brillante, para conservar visualmente el efecto metálico del cobre. Al presentarlas sobre uno de los muros metálicos de Obra, estableció una nueva correspondencia entre imagen y arquitectura.
La distorsión de los reflejos evoca también el movimiento del agua del canal londinense.
“El agua tiene también esa cualidad. Te puedes hundir, pero también te puedes reflejar”, señala.
Es la única pieza que el artista identifica como una excepción al vínculo directo de la muestra con México, aunque encuentra en sus imágenes arquitectónicas referencias que podrían pertenecer a cualquier ciudad.
Places/Traces no se limita a reunir obras anteriores. Bonillas transforma varias de ellas para establecer nuevas correspondencias entre la Ciudad de México, Londres y el propio espacio expositivo.
La muestra permanecerá abierta hasta el 22 de enero de 2027. La acompaña un programa público dedicado al archivo y la memoria que incluye conversaciones sobre las posibilidades de investigación de los acervos arquitectónicos, una proyección de Faces Places, de Agnès Varda y JR, seleccionada por Bonillas, y un diálogo sobre el diseño de espacios para archivos vivos, con representantes de Diller Scofidio + Renfro y Sordo Madaleno.


















