EL VIGILANTE SOLEDENSE
La firma de la coalición Morena-Verde-PT a nivel nacional volvió a mover el tablero político en San Luis Potosí, pero en Soledad de Graciano Sánchez la lectura es muy distinta a la narrativa que se intenta imponer desde el centro del país. Aquí, la realidad electoral y de gobierno ha sido clara, contundente y reiterada: el Partido Verde no solo gana, gobierna y cumple; Morena acompaña cuando puede y estorba cuando no entiende el terreno que pisa.
Soledad es el origen y el corazón del gallardismo. Desde este municipio se gestó un movimiento político que entendió algo básico que otros partidos aún no comprenden: la política se gana con resultados, no con discursos; con obras, no con consignas; con cercanía real, no con activismo de escritorio. Esa lógica explica por qué, elección tras elección, el Verde se ha consolidado como la primera fuerza política del estado, incluso compitiendo solo, mientras Morena acumula derrotas, excusas y divisiones internas.
Las últimas dos elecciones son el mejor ejemplo. Morena no ha podido ganar nada relevante en San Luis Potosí y en Soledad su desempeño ha sido marginal. En contraste, el Verde ha construido mayorías, ha sostenido gobiernos estables y ha ampliado su base social. No es casualidad: es consecuencia directa de un proyecto que sí cumple con el pueblo.
Hoy Soledad vive uno de sus mejores momentos bajo el liderazgo de Juan Manuel Navarro. El municipio registra inversiones históricas de cientos de millones de pesos en infraestructura, pavimentaciones, drenajes, espacios públicos y servicios básicos que por años fueron negados. A eso se suman programas sociales que llegan sin intermediarios y una dinámica de gobierno que mantiene presencia permanente en las colonias. El resultado es simple: respaldo ciudadano.
En ese contexto, la pregunta es inevitable: ¿realmente necesita el Partido Verde a Morena en Soledad? La respuesta, aunque incómoda para algunos, es no. Más aún, Morena ha hecho un esfuerzo sistemático por marcar distancia negativa, abriendo sus puertas a personajes que lejos de sumar, restan. Ahí están los ejemplos: Juan Carlos Velázquez “El Famyto”, con un historial ampliamente cuestionado; Liz Torres, ligada a Pueblo Libre y a viejas prácticas; y ahora la familia Arreola, expulsada del PRI por corrupción —y eso ya es decir mucho—. Ese tipo de incorporaciones no fortalecen un proyecto, lo contaminan.
Mientras el Verde construye, Morena recicla. Mientras el gallardismo presume obras, Morena presume fichajes. Esa diferencia explica por qué en Soledad la marca Verde tiene identidad propia y Morena aparece como un actor secundario, dependiente y, en ocasiones, incómodo.
De cara a 2027, todo indica que el Partido Verde mantendrá el control del municipio. El reto para Juan Manuel Navarro no es retener, sino crecer. Superar los más de 70 mil votos obtenidos en 2024 será la prueba de fuego para medir si este buen momento no solo se sostiene, sino se expande. Si el ritmo de gobierno se mantiene y la cercanía con la gente no se pierde, el objetivo es alcanzable.
Soledad no necesita muletas políticas ni alianzas forzadas. Aquí, la fuerza se construyó desde abajo, con resultados visibles. Y eso, por más firmas nacionales que existan, no se borra con un convenio.
















