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Agencia Reforma
Ciudad de México 18 junio 2026.- La ventaja de tener el Mundial de Futbol en casa, es que se puede jugar con dos equipos, México y Colombia. Los sudamericanos ganaron ayer 3 a 1 a Uzbekistán, pero el “Cielito Lindo” sonó también al pie del Ángel de la Independencia.
Todavía no terminaba el partido, apenas iban 2 a 1. Jáminton Campaz, el centro campista del Rosario Central aún no anotaba su gol, cuando comenzó a sonar en un trombón “Así fue”, la canción de Juan Gabriel. Después, casi al minuto 98, en un Estadio Azteca pintado de Colombia Amarela, cayó el gol, y entonces sí, sonó acá el “Cielito Lindo”, que entonaron los colombianos que apenas llegaban, pero también un mexicano con una vieja playera amarilla del PRD.
¿Quién fue la figura?, preguntaban bajo la llovizna fría, el cielo gris, que los colombianos confundían con los de Bogotá. “¡Luchito! ¡Luchito Díaz!”, respondían. Abrazados, con las manos en los hombros, brincaban en círculos los colombianos y los mexicanos que aquellos llaman manitos.
“Ser colombiano es una forma exagerada y muy atractiva de ser mexicano”, ha escrito Juan Villoro. También a los colombianos les gusta el mariachi, las telenovelas. En México, Shakira llenó este año 13 veces el Estadio GNP y luego, impuso el récord de 400 mil asistentes en el Zócalo. Si México tiene a Rubén el “Puas” Olivares, Colombia a Kid Pambelé, el primer campeón mundial de boxeo de su país, el derrochador de un millón y medio de dólares, que acabó mendigando sobras de cerveza y viviendo de una pensión del Estado. El único boxeador con tan mala suerte que apostó contra sí mismo y perdió.
Si en México se dice cruzazulear, en Colombia se decía casitriunfar, hasta Pambelé. Los dos países han sido asolados por el narcotráfico. Al “Ministro de guerra”, de Pablo Escobar, jefe del Cártel de Medellín, Gonzalo Rodríguez Gacha, lo apodaban “El Mexicano”. El principal delantero de México, Julián Quiñones, es colombiano, naturalizado mexicano. El 7 de enero, el Presidente colombiano, Gustavo Petro, convocó al pueblo a una marcha en “defensa de la soberanía”.
“México, México, contra Colombia en la final, hermano, esa sería una final muy berraquera”, dijo entre la llovizna Emmanuel López, de Ciudad Bolívar, Antioquia, y era difícil convencerlo de que Colombia ha estado más cerca. A esa hora, ya en el Ángel, se mezclaban Los Tucanes de Tijuana y Wilson Manyoma, Diómedez Díaz y Los Ángeles Azules, Karol G. y Juan Gabriel.
Colombia ha jugado 7 campeonatos del mundo incluido el de este año y en Brasil 2014 jugó su quinto partido y quedó en quinto lugar. México ha jugado en 18 campeonatos y aún sueña con el quinto partido. Su mejor lugar ha sido el sexto, jugando en casa. Colombia ha ganado tres veces la Copa Libertadores. México sólo ha tenido tres subcampeonatos. México nunca ha ganado la Copa América, sólo dos subcampeonatos. Colombia la ganó una vez, en 2001, con 1-0 contra México en Bogotá. De 26 seleccionados colombianos, sólo uno, David Ospina, del Atlético Nacional, juega en Colombia. De México, de 26 sólo 14.
Los colombianos jugaron con la esperanza puesta en Luis “Lucho” Díaz, el lateral izquierdo del Bayer Múnich, subcampeón en la Champions que lo adquirió en 2025 en 88 millones de dólares. El fichaje más caro en la historia de su país. En 2023, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) secuestró a sus padres, liberó a su madre horas después, pero mantuvo a su padre. “Lucho” Díaz jugaba entonces en el Liverpool de Inglaterra.
La angustia crecía, pero Lucho, que entró al minuto 84 del partido del domingo 5 de noviembre anotó el gol del empate y se levantó la camiseta que decía: “Libertad para papá”. Era mejor seguir jugando y hacer ruido, dijo. El ELN lo liberó tres días después. “Fue un error la detención. Luis es un símbolo de Colombia y como tal lo sentimos en el ELN”, afirmó Eliécer Herlinto Chamorro Acosta, alias Antonio García, uno de los jefes del ELN.
“Hay muchísimas cosas similares en el tema de la empatía, en temas del ambiente, en temas de la fiesta, la rumba, el despapaye, en ese sentido nos parecemos demasiado”, dijo Ariel Ospina, con una botella de ron debajo del sarape amarillo, azul y rojo. “Si los colombianos somos un 10, México es un 11, una chimba”. Era fácil que los mexicanos invitaran a los 36 mil colombianos con residencia en México, más los que llenaron el Azteca, a su casa.
Igual que México una semana antes, Colombia se enfrentaba a un rival en apariencia inferior. Colombia se ubica en el lugar 15 del ranking de la FIFA, Uzbekistán, un país de Asia Central, en el 50 y apenas conoce lo que es jugar un Mundial. En todo el primer tiempo no llegó a la portería colombiana. Pero el primer gol de Colombia cayó al minuto 40, un pase de “Lucho” Díaz, despertó la euforia en El Ángel y murió al 61 con el empate.
Fue hasta el minuto 65, con el gol de “Lucho” Díaz que volvieron a vibrar en Paseo de la Reforma. Volvió a lloviznar y volvían los colombianos del Azteca, alegres, abrazando a los mexicanos. “Colombiano, hermano, ya eres mexicano”, les gritaban. Lo cual, era una redundancia.
A la medianoche sonaban las trompetas de plástico y motonetas sobre Paseo de la Reforma, se vendían camotes, micheladas, banderillas, brochetas, papas a la francesa y elotes. Había sombreros charros y volteados. Parecía una noche mexicana, se cantaba el “Cielito Lindo”. Ondeaban banderas amarillas. En los antros de la Zona Rosa sonaban Karol G. y Maluma.















