Suena a Sirāt

El Separador

De acuerdo con el Islam, Sirāt es el puente en muerto que toda persona debe cruzar sobre el Infierno para poder entrar al Paraíso. Sinuoso, fértil para la incertidumbre y el descontrol, en este camino angosto como un cabello, los acantilados amenazantes siempre son una posibilidad.

La amplificación del ser o “personalidad” es una veneración contemporánea, una envoltura que oculta la escencia de los humanos: un coctel de miedos en constante crecimiento. El mecanismo necesario: deshacerse de la personalidad para que el alma acceda al edén prometido. Per-sonare para que suene y se escuche la voz hasta el final de las gradas en el gran teatro de la vida. Sirāt aparece como la crisis que descongestiona, como el purgatorio inevitable.

No crea usted que hoy le recomiendo una película filosófica, antes se trata de un episodio en celuloide que ocurre mientras los sonidos de grandes amplificadores rebotan contra paredes de un cañón en el desierto y transforman la sala de cine en un rave. En una fiesta clandestina donde convergen la libertad -o esclavitud- al ritmo de los designios de un DJ, destellan los cuerpos mutilados, rayos laser, la sensualidad de movimientos libertinos y el sudor, para añadir un tono madmaxiano a la cinta del director franco español Oliver Laxe. Prótesis danzando, tatuajes en la cara, calor; la reserva del combustible y los estupefacientes; dos perros blancos nomexicanos y una multitud que camina sin pensar; por pura corazonada y conducción eléctrica. Flotando en música para sentir, no para escuchar y producida por El Deseo, de los hermanos Almodovar, este puente filmado en 16 mm, ocurre en el desierto marroquí. Lo que inicia en la búsqueda de la chica Mar, se convierte en la persecución colectiva de la tranquilidad, cuando el mundo no nos sabe decir cuándo se acaba.

Nominada a dos premios Óscar como película y mejor sonido, Sirāt hará que su alma explote durante ciento quince minutos, mientras su corazón y sus extremidades latan potentemente. 

Sabremos lo que significa ser viudo, divorciado o huérfano; y no existe aún una definición a “perder a un hijo”. Que a nadie nos toque ese nombre que, sin duda, debe ser sinónimo de “camino angosto junto al precipicio”; un Sirāt.

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