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Staff / El Mañana
El alcalde de Ciudad Valles se dobla ante la sombra de José Luis Romero Calzada y usa el conflicto político como pantalla para justificar su inoperancia.
Como si fuera la única narrativa disponible en su agenda, el alcalde de Ciudad Valles, David Armando Medina Salazar, volvió a tropezar con la misma piedra ante los medios. Al asegurar que es “complicada la gobernabilidad” con la presencia de José Luis Romero Calzada, el “Tecmol”, el edil dejó al descubierto su fragilidad política. Resulta inadmisible que el desarrollo de un municipio completo pause bajo la excusa de una sola persona, revelando a un gobernante más preocupado por enfrascarse en pleitos infantiles.
Mientras el edil sostiene que no revictimizará al personaje ni le otorgará reflectores, dedica minutos enteros de sus comparecencias a desmenuzar las irreverencias del “Tecmol”, como su reciente aparición mediática saliendo de un ataúd, durante una batalla de farmear aura. Al quejarse públicamente de la falta de acción de los tres niveles de Gobierno, Medina Salazar se convierte en el principal promotor de la atención mediática que según él condena.
Esta fijación demuestra que el verdadero temor del alcalde no reside en el impacto social de las redes o la imagen del municipio, sino en la búsqueda de preservar su grupo cercano. La disputa histórica arrastrada desde 2021 y proyectada hacia los próximos comicios evidencia que Romero Calzada se ha convertido en un detonante que desestabiliza al ayuntamiento sin requerir demasiado esfuerzo.
Ciudad Valles atestigua así la gestión de un presidente municipal atrapado en la paranoia y la política de lavadero. En lugar de dar solución a las necesidades, la administración se consume en la obsesión por un personaje. A Medina Salazar se le olvida que la campana electoral ni siquiera ha sonado, pero en su afán por justificarse, es él mismo quien le entrega el micrófono a su talón de Aquiles.














