En la política potosina se libra también una batalla narrativa. Mientras ciertos detractores del Partido Verde insisten en instalar la idea de una supuesta fractura con la presidenta Claudia Sheinbaum, la realidad política del estado avanza por otro carril. La tesis de la ruptura se sostiene más en la especulación que en los hechos, alimentada por sectores que buscan capital político mediante la descalificación constante. Sin embargo, el dinamismo que hoy exhibe el PVEM en San Luis Potosí contradice ese relato con una contundencia difícil de ignorar.
Las recientes concentraciones multitudinarias en Ciudad Valles, Axtla de Terrazas, Matehuala y Rioverde son evidencia palpable de un partido que mantiene presencia territorial, capacidad de convocatoria y una estructura activa. En lugar de perder energía en teorías conspirativas o disputas mediáticas, la dirigencia verde parece haber optado por la fórmula de la política efectiva: organización, territorio y contacto directo con la gente. Esa estrategia, lejos del ruido digital, se traduce en movilización real y en una maquinaria política que se fortalece rumbo al siguiente ciclo electoral.
Del otro lado del tablero, algunas corrientes del morenismo local continúan apostando a la descalificación como principal herramienta. La expectativa parece centrarse en que una declaración viral o una fotografía estratégica con la presidenta impulse su posicionamiento. Esa lógica mediática contrasta con el trabajo que el Verde desarrolla en campo, donde la prioridad es consolidar estructuras, recorrer colonias, formar cuadros y articular equipos en las cuatro regiones del estado con miras al proceso de 2027.
El contraste es evidente. Mientras algunos perfiles buscan protagonismo a partir de la cercanía simbólica con la figura presidencial, el PVEM despliega actividades territoriales que van desde movilizaciones a favor de las mujeres en la Huasteca hasta encuentros multitudinarios en el Altiplano. Dos visiones políticas opuestas: una basada en la exposición mediática; otra sustentada en la construcción territorial.
Morena, por su parte, parece confiar en la misma fórmula que ha arrojado resultados adversos en las últimas tres elecciones locales: la creencia de que el peso del logotipo basta para ganar campañas. Esa lectura omite un elemento fundamental del panorama político potosino: muchos de los triunfos recientes han sido posibles gracias a las alianzas con el propio Partido Verde, el mismo al que hoy algunos sectores buscan desacreditar.













