LLEGAN LOS MEJORES
El enfrentamiento entre el Paris Saint-Germain y el Bayern Múnich no es solo una semifinal de Champions League; es el choque de dos formas de entender el futbol. Del pizarrón a la cancha, de la cabeza a los pies. Por un lado, tenemos la maquinaria alemana, ese Bayern que bajo el sello de Kompany, se ha convertido en un equipo frío, cerebral. Tiene bien definidas sus intenciones y en eso se basa su estilo. Tienen un aliado, su paciencia a la hora de ir al frente, con posesiones largas hemos contado hasta veinte pases antes de encontrar un espacio en el muro rival.

PSG, ES EL MEJOR EQUIPO DEL MUNDO
En el otro frente está el PSG de Luis Enrique, declaró que tiene hambre de triunfo, su equipo aprendió a disfrutar del peligro. Los parisinos no temen ceder terreno porque saben que tienen un “latigazo” mortal. En el momento en que el rival comete un error tiene jugadores como Dembélé que activan el turbo para aprovechar la transición defensa-ataque, convierten una recuperación en un gol en cuestión de segundos. Es un riesgo calculado, una apuesta por el vértigo que ha llevado al equipo francés a ser el más letal en los contragolpes de toda Europa.

LA TORMENTA QUE SE ACERCA
¿Podrá el orden bávaro contener la explosividad parisina? O, por el contrario, ¿será la velocidad de los locales la que castigue la valentía alemana? Lo que es seguro es que el Parque de los Príncipes será una olla de presión donde cada error se pagará con la eliminación.

Son artistas del balón juegan en equipo, su ritmo nos deja sin aliento. Y aunque en nuestra sacrosanta Liga MX nos sobran las emociones con dramas a la mexicana de esfuerzos de último minuto cuando la vida se agota, acelerando el corazón conmocionan a la afición y destellos de buen futbol. Sin duda el duelo europeo es de otra galaxia. Mientras aquí a veces nos conformamos con la liguilla como menú, en París lo que se sirve es un banquete de cinco estrellas que, comparado con la Liga MX, se nota la diferencia. Allá juegan a la velocidad de la fibra óptica mientras nosotros, a veces, seguimos disfrutando de la señal de la antena de conejo.

















