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Recolectores se manifiestan y exhiben fallas en el servicio; el silencio oficial agrava la tensión en la capital.
Staff / El Mañana
La crisis en el servicio de recolección de basura en la capital potosina dejó de ser un problema operativo para convertirse en un frente político. Recolectores de la zona norte se manifestaron frente a la Unidad Administrativa Municipal (UAM) para denunciar irregularidades en sus condiciones laborales y deficiencias en la operación del sistema de limpia.
Aunque no se presentó un pliego formal de demandas, la protesta evidenció el desgaste de un servicio esencial que, según los propios trabajadores, opera bajo presión constante y con limitada atención institucional.

El conflicto alcanza directamente a la administración del alcalde Enrique Galindo Ceballos, que hasta el momento no ha emitido una postura pública ni anunciado mesas de diálogo con los inconformes. La ausencia de respuesta oficial ha reforzado la percepción de una autoridad reactiva frente a un problema que se arrastra desde hace meses.
El riesgo inmediato es que el conflicto escale y afecte la continuidad del servicio, lo que impactaría de forma directa a miles de habitantes. En una ciudad donde la recolección es clave para la salud pública, cualquier interrupción podría traducirse en un problema mayor.
Más allá de la protesta, el episodio refleja un deterioro en la gestión de servicios básicos. Porque cuando la basura se acumula en las calles, también lo hace el descontento ciudadano… y ese, a diferencia de los residuos, no se recoge tan fácil.
















