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La crisis de salud mental entre universitarios no tomó por sorpresa a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Desde 2025, la propia institución tenía cifras que advertían indicadores preocupantes de depresión, ansiedad y riesgo de autolesión entre estudiantes; un año después, los recientes acontecimientos obligan a preguntar qué hizo con aquella alerta.

El Diagnóstico de Salud Mental Estudiantil UASLP 2025 reveló que 18.7 por ciento de los participantes presentó indicadores de depresión grave y 14.8 por ciento riesgo de autolesión. Además, 56.8 por ciento registró algún nivel de ansiedad y 29.3 por ciento indicadores asociados con estrés postraumático.
Aunque el estudio precisa que los resultados son orientativos y no representan diagnósticos clínicos, los porcentajes colocaban desde entonces sobre la mesa la necesidad de fortalecer la detección, atención y acompañamiento psicológico.
La pregunta incómoda para la Universidad es qué ocurrió después de conocerlos.
Los recientes hechos que han golpeado a la comunidad estudiantil vuelven a poner bajo la lupa qué tan accesibles, efectivos y conocidos son sus protocolos ante una crisis emocional, así como la capacidad para actuar cuando compañeros, profesores o trabajadores detectan señales de riesgo.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la discusión adquiere todavía mayor peso. La salud mental no puede convertirse en prioridad únicamente después de una tragedia.
La UASLP tenía desde 2025 una radiografía del problema. Las cifras encendieron la alerta; ahora corresponde explicar qué acciones concretas se emprendieron para atenderla.
Desde el 2025 el Diagnóstico de Salud Mental Estudiantil UASLP reveló que
18.7 por ciento de los participantes presentó indicadores de depresión grave y 14.8 por ciento riesgo de autolesión. Además, 56.8 por ciento registró algún nivel de ansiedad y 29.3 por ciento indicadores asociados con estrés postraumático.















