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Tras Bambalinas
Por Juan de la Plaza
El alcalde capitalino Enrique Galindo ya puso sobre la mesa su aspiración a la gubernatura después de cinco años gobernando la ciudad, el argumento de los problemas heredados se desgasta y a estas alturas, una buena parte de lo que funciona mal también pertenece a su propia administración y no puede ni debe eludir su responsabilidad.
No se recuerda a la capital tan olvidada como en la gestión de Galindo, el problema de desabasto de agua, la creciente inseguridad e indicios de colusión de agentes municipales con la delincuencia, calles destrozadas y miles baches por toda la mancha urbana, la caída libre de los servicios y la venta de terrenos municipales a empresarios afines para financiar obras que finalmente no se realizaron.
En lugar de concentrarse en corregir esos rezagos, Galindo parece haber encontrado una salida políticamente más rentable: la confrontación, el culpar a otros de sus yerros; durante años cultivó una imagen amable y conciliadora comienza a mostrar un perfil camorrista, le salió lo pendenciero de barrio dispuesto a convertir diferencias administrativas y políticas en pleitos públicos, especialmente con el gobierno estatal; cuanto más incómodas le resultan las preguntas sobre las pifias de su obra pública, seguridad o servicios, más estridente se vuelve su narrativa de víctima.
Su pasado informe dejó pocas dudas sobre el cambio de prioridades. Galindo pidió “permiso” para buscar la gubernatura y, con ello, reconoció que una parte importante de su atención ya está colocada en 2027; el problema no es solamente su aspiración, legítima como la de cualquier político, sino pretender utilizar la confrontación como plataforma mientras la ciudad que todavía gobierna exhibe pendientes que reclaman atención inmediata y él más ocupado en asuntos políticos-electoreros.
El colmo fue su defensa a ultranza de la “herencia maldita” que en su visión es un “legado” que hay que reinvidicar de acuerdo a sus intereses, convocó a los que más daño causaron a la entidad potosina, como los exgobernadores Horacio Sánchez, Fernando Silva, Marcelo de los Santos y Fernando Toranzo, solo faltó que mencionara a Juan Manuel Carreras; Galindo cree que los potosinos no tienen memoria.
Su apuesta es la de convertirse en el cabecilla del bando “antigallardista” que ya cacareó sin pudor y transformar ese resentimiento político en una candidatura de incierto futuro, porque no tiene definido el apoyo del PRI de Alito Moreno, el apoyo del PAN ya lo tiene aunque con algunas reservas del dirigente nacional Jorge Romero, quien le corrigió la plana previo al informe en Plaza Fundadores al señalar que el panismo no es “antigallardista” ni van a descalificar al gobernador Gallardo.
Ya se sabe que el diálogo y la confrontación de ideas no es el fuerte de Galindo, en las dos ocasiones que fue candidato a la alcaldía no asistió a los debates con los otros candidatos, ni al organizado por el CEEPAC y el sector privado, la causa de fondo que se menciona en voz baja sobre su ausencia, es su temor a que le echen en cara su pasado turbulento como jefe de la Policía Federal en el gobierno de Peña Nieto y que no puede argumentar nada a su favor frente a la serie de casos documentados en los que violó los derechos humanos e incluso ordenó o avaló (por acción u omisión), la ejecución de delincuentes cuando ya estaban desarmados y rendidos.
Construir una campaña por la gubernatura sobre el resentimiento y la confrontación sistemática con el gobierno estatal anticipa un camino hacia el rechazo ciudadano y, eventualmente, la derrota; el electorado difícilmente se sentirá atraído por un candidato cuya propuesta dependa del conflicto permanente, en lugar de ofrecer resultados, soluciones y una visión clara para San Luis Potosí.
















