JMalone
Por Joseph Malone de La Paz
De acuerdo con el presupuesto de egresos de la Secretaría de Cultura, los museos que dependen de ella recibieron alrededor de 93.6 millones de pesos durante 2025, y se prevé que durante este 2026 obtengan un presupuesto similar.
El que se lleva la mayor tajada es el Centro Estatal de las Artes, que tan solo de recursos estatales (porque también recibe apoyos federales) accedió a 30 millones de pesos, amén de los ingresos propios por renta de espacios a particulares.
Sin embargo, la oferta cultural es limitada porque, al menos en el área de Arte y Humanidades, mantiene una relación de compadrazgo con un puñado de “creadores” y “creadoras” a los que ya no se les ocurre qué inventar para permanecer como talleristas y seguir beneficiándose del erario.
Las exposiciones de los alumnos del taller de pintura, que cada semestre organiza esta área académica, son lo único nuevo que el público asistente puede ver ahí, en ese lugar de 30 millones de pesos de presupuesto anuales que no se atreve a sacudirse los lastres de un grupo de “intelectuales” que domina el “Know How”, que saben a qué funcionario verborrear y seducir para conseguir rebanadas del pastel.
La oferta se reduce aún más no solo por el influyentismo, sino también porque el 80 por ciento de esos 30 millones de pesos se usan en pagarle a los mismos que deciden acabar con la plurilaidad docente, los que prefieren la comodidad de contratar las mismas caras de manera repetida en vez de favorecer e impulsar nuevas caras y propuestas.
Lo extraño es que el Centro de las Artes de San Luis Potosí afirma ofrecer cursos, talleres y hasta laboratorios con los que, según él, “impulsa el desarrollo integral y contribuye activamente a la vida cultural del estado”, pero, que nunca aprovecha a sus egresados de sus cinco áreas académicas para refrescar la oferta a las próximas generaciones.
La titularidad de la Secretaría de Cultura se sometió a la misma fórmula, a los mismos de siempre, a la herencia maldita.















