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UN VERANO CON ÓSCAR HAHN

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Monterrey, NL 22 agosto 2026.- En la generosa tierra de poetas que es Chile, habrá que destacar que en el pasado mes de julio Óscar Hahn cumplió 88 años. Nacido en Iquique (1938), es seguramente uno de los grandes poetas mayores (aún vivo) de su país y de toda Hispanoamérica.

 Este verano, regresé a su obra con el libro “Señales de vida” (FCE, 2009), una colección que recoge una muestra inteligente y conmovedora que va desde su temprana juventud a los setenta años (2008).

 A lo largo de todo este tiempo, sus versos se mantuvieron fieles a una conversación con el misterio de la vida, que es la muerte sin nosotros pero entre nosotros, una conversación donde son invitados a la mesa, tanto la elocuencia cultural del aula, como el discurso que divaga en lo cotidiano, en la calle.

 Los primeros textos de esta antología provienen de su poemario: “Pena de vida” (2008). El poeta toma conciencia de que empieza a envejecer y se mira solo, frente al televisor, en el curioso espejo de las otrora estrellas de cine:

 ME VEO ENVEJECER EN LAS ESTRELLAS

 Me veo envejecer en las estrellas

 de cine: las contemplo cada noche

 en la pantalla del televisor

 Aparecen en vivo

 aunque están a dos pasos de la muerte

 Sus caras mustias

 son el espejo de mi propia cara

 Sus párpados caídos son mis párpados

 Su piel rugosa ya es mi propia piel

 Estos, hijo, ay dolor que ves ahora

 ojos de soledad mustios semblantes

 fueron un tiempo jóvenes famosos

 Ese anciano de manos temblorosas

 y pelo blanco un día fue Paul Newman

 el seductor de los ojos azules

 Y esa señora cuya piel estirada

 le impide sonreír es Elizabeth Taylor

 conquistadora como Cleopatra

 De esta invencible gente

 sólo quedan memorias funerales

 Contempla, hijo, estas reliquias bellas

 para ejemplo del mundo y sus estrellas

 La poesía de Óscar Hahn colinda con el poema narrativo, pero prescinde de puntuación; es de corte anecdótico, pero muchas veces sorprende por su falta de lógica; cotidiana y llena de sueños o pesadillas; poesía del orden común y descomunal (profunda) en esa sencillez de decirnos o deshacernos el mundo. Los temas son los de siempre, y sin embargo, los escenarios son únicos. En definitiva, una propuesta que se vuelve solidaria con el lector, con su día a día fallido, una especie de asombro erosionado.

 PENA DE MUERTE

 Lo peor es despertarse por la mañana

 pensando que ahora nada puede ser igual

 y hay que levantarse y ducharse

 y preparar el café como siempre

 y partir al trabajo como siempre

 como si no hubiera pasado nada

 aunque ha pasado todo

 pasó se acabó llegó a su fin

 «es mejor así»

 y caminas por la calle como un sonámbulo

 chocando con los transeúntes

 con los vendedores de diarios

 y te sientas en un banco de piedra

 sin saber si estás vivo o muerto

 da lo mismo

 porque la muerte también puede ser

 una mesa en un bar dos martinis secos

 y un par de labios rojos

 pronunciando palabras

 que caen como guillotinas

 A la par del trasunto de la muerte, como ya sabemos, corre la vida, el amor; en la poesía de Óscar Hahn no podía ser de otra forma, y solo por citar algunos ejemplos, se transcriben dos poemas. En “Apariciones profanas” (2002) están unos versos que se confiesan para una mujer, una chelista, que no solo encanta o cautiva con su belleza, es simplemente una metáfora que la emparenta con la belleza de la música una belleza indiferente a nuestro sufrimiento:

 CELLO

 Qué música tan triste

 cuando el arco del cello

 hiere las cuerdas de mi corazón

 Y tú la ejecutante

 insensible al dolor del instrumento

 sólo sabes de la belleza de la música

 De “Versos robados” (1995) viene ahora un guiño al poema emblemático de Pound, donde en una estación del Metro, en un tránsito agitado entre lo citadino y lo cotidiano, el poeta viaja, y nosotros con él, a un destino que de pronto resplandece para perderse luego en la noche.

 EN UNA ESTACIÓN DEL METRO

 Desventurados los que divisaron

 a una muchacha en el Metro

 y se enamoraron de golpe

 y la siguieron enloquecidos

 y la perdieron para siempre entre la multitud

 Porque ellos serán condenados

 a vagar sin rumbo por las estaciones

 y a llorar con las canciones de amor

 que los músicos ambulantes entonan en los túneles

 y quizás el amor no es más que eso:

 una mujer o un hombre que desciende de un carro

 en cualquier estación del Metro

 y resplandece unos segundos

 y se pierde en la noche sin nombre

 En el poemario “Estrellas fijas en un cielo blanco” (1984) el verso de Hahn se ciñe a la métrica, se manifiesta, con ingenio, en el soneto, en este caso, un poema donde se elogia precisamente, con asombro, cómo las formas clásicas, los sonetos, semejan las estrellas y su extraño fulgor alcanza nuestras vidas.

 Estrellas fijas en un cielo blanco,

 son los bellos sonetos pues no giran

 en torno de orbe alguno ni han rotado

 sus densas masas de catorce cifras

 No reflejan la luz del sol tampoco

 pero irradian su propia luz de adentro

 Y en el albor parecen en reposo

 o muertos cuyas tumbas son sus cuerpos

 Y sin embargo las estrellas fijas

 a veces bienhechoras o malignas

 siempre de harta energía están cargadas

 Y aunque hace miles de años extinguidas

 su fulgor todavía nos alcanza

 sea por vista o por astrología

 Marcado y perseguido por el régimen de Pinochet, Óscar Hahn se exilió desde los años 70 en Estados Unidos, ejerciendo como profesor de Literatura Hispánica en la Universidad de Iowa, donde residió hasta el 2008. Desde aquellos tiempos, su capacidad de observación y ese gesto irónico ante el asombro cotidiano, serían uno de sus distintivos. De su libro “Mal de amor” (1981):

 SOCIEDAD DE CONSUMO

 Caminamos de la mano por el supermercado

 entre las filas de cereales y detergentes

 Avanzamos de estante en estante

 hasta llegar a los tarros de conserva

 Examinamos el nuevo producto

 anunciado por la televisión

 Y de pronto nos miramos a los ojos

 y nos sumimos uno en el otro

 y nos consumimos

 Más allá de la cita de este poema que lo enmarca en su residencia norteamericana, la propuesta de Óscar Hahn es profunda, con imágenes provocadoras, desconcertantes; desde muy joven sondeó el tema de la muerte con su libro “Arte de morir” (1977), un arte que se plasma con historias personales y recuentos históricos; es así que sobrevienen temas como los del Holocausto o la tragedia de las bombas atómicas, pero también, claro está, la vivencia inmediata (no menos dantesca) que ocurrió en Chile durante el ya citado golpe militar: “Pero hay que morirse con las uñas largas / para poder cogerse del recuerdo”.

 En el texto que ahora se transcribe, queda claro que no fueron momentos aquellos de poetizar; la brutalidad y aspereza de las palabras eran parte de una estampa terrible, una crónica:

 NOCHE VIEJA 1973

 Se terminó este año cabrón. Se fue al carajo.

 Se fue completamente a pique: capotó.

 Con sus terrores y llantos y entierros a cuestas

 y los cuatro jinetes del Apocalipsis.

 Ahora está sonando la sirena. Y ahora mismo

 estallan los fuegos artificiales. Y ahora

 comienzan los abrazos. “A año muerto

 año puesto”, me decías con una copa en la mano

 corriéndote las lágrimas. “Que seas feliz”.

 Se terminó este año cabrón. Se fue al carajo

 “Señales de vida” es entonces un recorrido muy representativo por la obra de este gran poeta chileno: Óscar Hahn. Su lectura me acompañó este verano, lo que se queda no es poco, y lo llevaré conmigo por un buen tiempo, después de todo

 El arte y la poesía son las señales

 de que hay vida humana en este planeta

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