Una tragedia que la UASLP no puede, ni debe archivar

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Hay silencios que parecen indiferencia.

Don Enchilado

La muerte de un joven estudiante de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (USSLP) es una tragedia que exige respeto absoluto para su familia, sus amigos y sus compañeros. Pero respetar el dolor no significa cancelar las preguntas.

Y hay preguntas que Rectoría tiene la obligación moral de responder.

Porque una universidad no puede presumir excelencia académica mientras la salud emocional de sus estudiantes permanece relegada a un capítulo secundario de la administración. No basta formar abogados, médicos, ingenieros, contadores o científicos. Antes que profesionistas, por las aulas caminan seres humanos.

Jóvenes que también sienten miedo.

Que fracasan.
Que se endeudan.
Que viven rupturas.
Que enfrentan problemas familiares.
Que padecen presión académica.
Que algunas noches simplemente sienten que ya no pueden más.

¿Quién los escucha?

Esa debería ser una pregunta central para la Rectoría de la UASLP.

Porque después de una tragedia resulta demasiado sencillo emitir condolencias, guardar silencio, esperar a que disminuya la conversación pública y confiar en que otra noticia termine sepultando a la anterior.

Eso sería administrar una crisis. Pero administrar una crisis no es atender un problema.

La Rectoría debería explicar públicamente cuáles son sus protocolos de prevención y atención de crisis emocionales; cuántos profesionales de la salud mental están disponibles para la comunidad estudiantil; cuáles son los tiempos reales de atención; cómo se identifican casos de riesgo; cómo se capacita a profesores y personal; qué seguimiento reciben los estudiantes canalizados y, sobre todo, si esos mecanismos son suficientes para una comunidad universitaria de semejante dimensión.

Porque tener un protocolo guardado en un archivo no significa tener una política de salud mental.

Tener un consultorio tampoco significa garantizar atención.

Y colocar un teléfono de ayuda en un cartulina no sustituye una estrategia institucional.

Ahí es donde Rectoría debe dejar los discursos y presentar resultados.

No se trata de responsabilizar al rector por una decisión individual. Hacerlo sería intelectualmente deshonesto, porque el suicidio responde a múltiples factores y ninguna tragedia de esta naturaleza puede reducirse alegremente a una sola causa.

Pero tampoco podemos utilizar esa complejidad como coartada para que nadie revise nada.

Porque dirigir una universidad no consiste únicamente en cuidar indicadores, presupuestos, edificios, acreditaciones, ceremonias, fotografías y discursos solemnes.

También significa cuidar personas.

La UASLP necesita hacer un examen de conciencia.

¿Qué tan cerca están realmente de sus alumnos?

¿Cuántos profesores saben identificar señales de una crisis emocional?

¿Cuántos estudiantes saben exactamente dónde pedir ayuda?

¿Cuánto deben esperar para recibir atención?

¿Se mide la efectividad de los programas?

¿O solamente reaccionamos cuando ocurre lo irreparable?

Esas preguntas pueden resultar incómodas.

Y precisamente por eso deben hacerse.

No se vale darle vuelta a la hoja cuando todavía no hemos entendido lo que estaba escrito en ella.

El dolor de una familia no pertenece a ningún grupo, corriente universitaria, partido político ni adversario del rector. Utilizarlo para cobrar facturas sería miserable.

Pero exigir respuestas no es politizar.

Exigir prevención es responsabilidad pública.

La salud mental no puede convertirse en tema universitario solamente cuando ocurre una tragedia.

Una universidad verdaderamente grande no solamente enseña a sus jóvenes cómo ganarse la vida.

También debe construir redes para sostenerlos cuando sienten que la vida se les viene encima.

La familia merece respeto.

Los estudiantes merecen respuestas.

Y la próxima crisis de un joven universitario no puede encontrarse únicamente con una puerta cerrada, una cita para después o el silencio de una institución que llegó demasiado tarde.

Saeta 1.- Mal, muy mal, se vio el hijo de Marcelo de Los Santos que aspira a la alcaldía de San Luis por el PAN con trato déspota hacia la gente y hacia los reporteros. En sus eventos trata groseramente a las personas, sin mostrar tacto, ni sensibilidad. Su forma de actuar permite ver que lo único que le importa es tener acceso al $$$$ de los potosinos.

Saeta 2.- Lamentable el ataque contra la dirigente estatal de Morena, Rita Ozalia Rodríguez por huestes del Huasteco Tabasqueño en un evento en el Congreso del Estado. La apuesta de este “proyecto” es por la violencia y la inestabilidad a sabiendas de que no le va a alcanzar.

Saeta 3.- Ya ando desempolvando las botas y la texana negra para irme a celebrar la Noche del Grito con La Mafia en Soledad. ¡Me estoy enamorando hoy de ti, pero perdidamente. Yo que tanto decía que jamás me volvería a pasar!!

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