- Un accidente les arrancó 6 jóvenes de un jalón… el consuelo no llega
- La madrugada del domingo en Peotillos, Villa Hidalgo, fue marcada por una tragedia
Fotos: Redes Sociales
VILLA HIDALGO.- En Peotillos y La Sequedad, el aire huele a flores marchitas, a café recién colado y a un dolor que se pega al pecho. Desde el domingo, el pueblo entero se mueve despacio, como si el tiempo hubiera perdido las ganas de avanzar.

Seis jóvenes —seis vidas llenas de risas, sueños y caminos por recorrer— no regresaron esa madrugada. Ivonne, Camila, Dulce, Eduardo, Maikol y Juan Johany se fueron en un instante, en una curva maldita que el viento ya no se atreve a nombrar.
Las madres no sueltan las fotografías; los padres no encuentran palabras. En las casas se escucha el rezo entre sollozos, el golpe seco de las sillas al moverse, los pasos cansados de quien no ha dormido desde hace tres días. Afuera, los amigos llegan en silencio, cargando velas, flores y culpas que no les tocan.
En La Sequedad, los niños miran pasar los cortejos fúnebres y preguntan por qué todos visten de negro. En Peotillos, el sonido de las campanas parece no terminar nunca. Hasta los perros del barrio guardan silencio, como si también supieran que algo cambió para siempre.

“No hay casa donde no se haya llorado”, dice una vecina, limpiándose las lágrimas con el mandil. “Eran los de aquí, los que saludaban, los que echaban relajo en las canchas. Los que nunca decías que se iban a ir así”.
El pueblo está de luto, pero también de pie. La comunidad entera se organizó para apoyar a las familias con flores, comida y abrazos. En la plaza principal, los jóvenes colocaron una manta con sus nombres y veladoras que no se apagan ni con el viento.

El choque ocurrió en la madrugada, cuando la alegría regresaba a casa y el destino se atravesó con un rugido de metal. La carretera quedó manchada, los casquillos de vidrio y los pedazos de vida aún se sienten bajo los pasos de quien pasa a rezar.
Hoy, Villa Hidalgo no duerme, solo llora.

















