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Ciudad de México 1 septiembre 2026.- La tumba de mármol blanco de Xhevdet Bajraj (1960-2022) tiene grabados sus lentes, su firma y unos versos en albanés: “Soy la ceniza que se niega / a olvidar que alguna vez ardió”.
Fallecido en México, fue cremado según su deseo y sus cenizas fueron llevadas a su natal Kosovo para ser enterradas junto a su madre bajo el ritual musulmán, una comunidad que no admite la cremación, pero la estatura del poeta ameritó la excepción.
Esos mismos versos son el epígrafe de Angelus Novus, Poesía póstuma (UACM), con gran parte de los poemas escritos en albanés en el tramo final de su vida.
Bajraj, quien junto a su esposa Vjollca llegó exiliado a México en 1999, fue diagnosticado en abril de 2022 con un cáncer avanzado, con metástasis pulmonar por un tumor primario de origen desconocido. Debido a la agresividad de las quimioterapias, sufrió un infarto y falleció mientras dormía el 22 de junio de 2022.
Tras su muerte, su viuda asumió la tarea de traducir al español sus últimos poemas, escritos entre 2020 y 2022, a falta de traductores del albanés.
Al final de su vida lo dominaba una urgencia de escribir: dejó en su computadora un documento con más de 500 poemas. Se percibe en ellos una cercanía con la muerte, como si la presintiera, dice en entrevista Vjollca, sentada en el café de la Colonia Roma.
Dejó escrito en el poema En la tierra de los padres: “Me muero ante la fuerza de tu belleza / querida / en la silla / en la sed de amor / Me estoy marchitando como una flor / dentro de esta casa / de techo azul / que se vuelve negra por la noche / allá donde viven mis muertos / Cuando me entierren / la tierra de mis padres / regurgitará / e imperceptiblemente / engordará / Un demonio negro / y un dios ilirio / aullarán”.
El título Angelus Novus proviene de una leyenda del Talmud: un ángel que viene, canta su canción y desaparece.
“Así fue con Xhevdet: Vino, cantó, cumplió su misión y se fue”, evoca Vjollca. En sus palabras hay melancolía.
Tras ser amenazado de muerte por la policía serbia en su ciudad natal, Rahovec, Xhevdet cruzó la frontera hacia Albania para reunirse con su esposa y sus dos hijos pequeños.
En junio de 1999, gracias al Parlamento Internacional de Escritores y a la gestión de Philippe Ollé-Laprune, de la extinta Casa Refugio Citlaltépetl, llegaron exiliados a la Ciudad de México.
“El tema del exilio, en su poesía, Xhevdet nunca lo pudo dejar atrás”, dice su viuda. “Esta tristeza que él llevó consigo mismo fue como unas lentes a través de las cuales veía el mundo”.
En Espérame, por favor, uno de los predilectos de Vjollca, escribe: “Durante veintitrés años / he tratado de correr / tan pronto como he podido / hacia el futuro / con un pie en la tumba de Kosovo / y el otro / en una tumba de México / Solo necesito un poco más de tiempo / para llegar a ti / espérame por favor / hasta que me corte las piernas con una sierra”.
Xhevdet era un poeta de la tristeza. Aunque en reuniones y pláticas parecía feliz, agradable, lleno de bromas y sarcasmo, por dentro era un hombre muy triste. Una tristeza que dejaba salir cuando estaba en casa o escribía.
“Vivir con un poeta como él es sumamente difícil. Es muy bonito, porque él convierte la vida ordinaria en extraordinaria, pero no todo es para bien: los poetas de verdad tienen altibajos de emociones”, asegura Vjollca.
Con ella, él no tenía máscaras. “Crecí con él, lo conocía mejor que a mí misma”, afirma.
Cuando eran jóvenes, tenían prohibido verse. Ella tenía 17 años y él 22. Con pelo largo, jeans y botas militares, Xhevdet era un rebelde. Ella, de familia muy tradicional, la mejor estudiante de su generación. En un pueblo chico, como Rahovec, todo se sabía. Fingieron la separación, pero la relación continuó por carta.
Aunque era su primera lectora y crítica, jamás pensó que algún día traduciría su poesía. Con una botella de vino, él solía esperarla con el nuevo poema que había escrito. “A veces, yo tenía el valor de decirle: ‘Este verso no me gusta, debería ser diferente’”.
Francisco Trejo, en el prólogo de Angelus Novus, pondera las obsesiones centrales del poeta: el dolor por la patria, la añoranza de Kosovo, la crítica implacable de la democracia albanesa, la desesperanza de hallar un hogar estable y la incapacidad de regresar a un pasado “imposible de reparar”.
En el pueblo natal de Vjollca, a unos 8 kilómetros de Rahovec, donde vivían, las fuerzas serbias aniquilaron a los civiles, entre ellos su padre y sus primos. “No tenían armas. Los sacaron de sus casas y los fusilaron”, relata. Después, ardió el pueblo.
La guerra en los Balcanes transformó a sus vecinos serbios, con los que convivían a diario, en enemigos. “Algunos se volvieron bestias”, dice.
El padre de Xhevdet era un político muy conocido por su lucha en favor de Kosovo, lo que convirtió a la familia en blanco directo. Por seguridad, el poeta y su madre tuvieron que esconderse en la casa de un primo.
Un día en que, a escondidas, fue a su antigua casa para alimentar a Rex, su dóberman, la policía lo estaba esperando. Lo amenazaron: “Tú eres Xhevdet Bajraj, aquí estás en la lista. Si no dejas la ciudad en 24 horas tenemos la orden de matarte”.
En ese instante, dispararon a su perro y lo dejaron agonizando para que lo viera sufrir.
Aunque Vjollca intenta contener el dolor al recordar la escena, los ojos se le inundan de lágrimas.
Xhevdet dejó las puertas de su casa abiertas, fue a buscar a su madre y huyeron.
Vjollca y sus hijos lograron refugiarse en Albania. Habían salido una mañana tras despedirse de él. Durante el trayecto en autobús fueron detenidos en múltiples puntos por fuerzas serbias. Ella había cosido sus pasaportes dentro de las ropas de los niños para no ser descubiertos. Cuando le preguntaban adónde se dirigían, respondía que llevaba a los niños al médico. Una coartada creíble por su aspecto desmejorado, el hambre y el frío.
Aunque a salvo en Albania, no tuvo noticias de Xhevdet por tres semanas, hasta que él y su madre lograron cruzar la frontera tras dos días a pie.
El Parlamento de Escritores les ofreció refugiarse en Francia, Italia o México. Xhevdet eligió venir aquí debido a su admiración por la literatura latinoamericana y el deseo de aprender español. Vjollca estaba renuente por la distancia y el idioma, pero él insistió. Ahora, si volviera a escoger, mantendría ese destino.
Médica de profesión, comenzó a trabajar como voluntaria seis meses después de su llegada en una pequeña clínica privada en la Colonia Álamos, que ahora dirige. Xhevdet entró como profesor a la UACM, que edita Angelus Novus.
Ahora Vjollca se ha propuesto seguir con otro encargo: publicar en español el único libro de poesía amorosa del poeta, El anillo de Saturno.
Será, a su modo, cumplir el gesto de los versos en su tumba: no dejar que se olvide que alguna vez ardió.














