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Ericka Segura.
Desde la banqueta.
Cada septiembre México se pinta de verde, blanco y rojo. Hay banderas en las calles, música, comida, plazas llenas y un “¡Viva México!” que repetimos casi por instinto. Pero entre tanta celebración, pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente vivir en un país independiente.
Yo hoy puedo decir que soy mexicana, mujer, madre y trabajadora. Puedo estudiar, expresar lo que pienso, elegir mi profesión, criar a mi hijo, caminar hacia mis propias metas y cuestionar incluso a quienes gobiernan. Parece cotidiano. No lo es.
Hubo un México en el que decidir nuestro propio destino era apenas una aspiración.
La Independencia iniciada en 1810 no fue solamente Hidalgo levantando un estandarte, Morelos escribiendo ideales o los insurgentes enfrentándose al poder español. Detrás de los nombres que aprendimos en la escuela existieron miles de personas anónimas que dejaron familia, tranquilidad e incluso la vida persiguiendo algo que quizá nunca alcanzarían a disfrutar, libertad.
Y ahí encuentro la parte más humana de nuestra historia. Otros lucharon por un país que nosotros heredamos.
México está lejos de ser perfecto. Tenemos desigualdad, violencia, corrupción, pobreza e injusticias que contradicen muchas veces los ideales que celebramos cada septiembre. Ser patriota tampoco significa cerrar los ojos. Amar a México también implica señalar aquello que necesita cambiar.
Pero nuestras fallas no deberían impedirnos reconocer lo conquistado.
Vivimos en una nación donde existen libertades políticas y civiles que generaciones anteriores no tuvieron. Podemos votar, protestar, organizarnos, estudiar, trabajar, profesar una creencia o ninguna, exigir derechos y expresar desacuerdo. Basta observar lugares del mundo donde mujeres todavía enfrentan severas restricciones para estudiar, trabajar o participar plenamente en la vida pública para comprender que ninguna libertad debe darse por garantizada.
Por eso, ahora que soy mamá, la palabra independencia adquiere otro significado.
Quiero que mi hijo crezca entendiendo que México no solamente se celebra con una bandera. México se honra siendo libre, pero también respetando la libertad de los demás; estudiando, trabajando, ayudando, cuestionando, participando y procurando dejar un país mejor del que recibimos.
Porque quizá ésa sea nuestra responsabilidad generacional.
A nuestros antepasados les correspondió conquistar una nación independiente. A nosotros nos corresponde hacer que esa independencia valga la pena.
Esta noche, cuando escuchemos nuevamente “¡Viva México!”, vale la pena recordar que no gritamos solamente por una fecha ocurrida hace más de dos siglos.
Gritamos porque podemos elegir.
Porque podemos tener voz.
Porque podemos construir nuestro propio camino.
Y yo, como mexicana y como madre, encuentro ahí una de las razones más profundas para sentir orgullo, nací en un México libre y tengo la responsabilidad de ayudar a que mi hijo también pueda vivirlo así.
Eso también es Independencia.














