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Staff / El Mañana
La Cordillera Tének se alista con altares monumentales, copal y cantos sagrados para recibir a las ánimas este fin de semana en Ciudad Valles.
La fiesta grande de la Huasteca ya está a la vuelta de la esquina y la raza de la zona indígena de Ciudad Valles no se anda con juegos cuando se trata de apapachar a los que ya se nos adelantaron. Del 31 de octubre al 2 de noviembre, la Cordillera Tének se va a sacudir con la llegada del Xantolo, una tradición bien arraigada donde la vida y la muerte se dan la mano en medio del olor a cempasúchil, copal y buen café caliente.
Según soltó José Santos Hernández Hernández, mero mero de Asuntos Indígenas en el municipio, los festejos arrancan macizo este 31 de octubre levantando el altar mayor. Ahí se pone de todo para que las ánimas no se vayan con las manos vacías: fruta de la temporada, tamales bien calientitos, dulces tradicionales, atole y unas veladoras que alumbran toditito el camino para que los difuntos no se pierdan rumbo a la casa. Es una mezcla bien chula de las creencias de nuestros abuelos con la fe católica que nos heredaron los años.
Para el 1 de noviembre, la cosa se pone más seria recordando a los grandes de la casa, los difuntos adultos; y pa’ rematar, el día 2 la banda se lanza en montón a los panteones a dejar ofrendas y convivir con los ausentes. Pero agárrate, porque la pachanga cultural también se arma en grande en el ejido Ojo de Agua, donde escuelas y grupos de danza folclórica van a poner a bailar hasta a los muertos con sus sones tradicionales, demostrando que la cultura de los pueblos originarios está más viva que nunca.

















