Xantolo: el tributo vivo de Esperanza en El Pujal

🔊 Escuchar esta nota informativa:

Staff / El Mañana

La comparsa Tradicional Mictlán evoca a personajes entrañables del campo en Ciudad Valles, conectando la memoria familiar con la festividad mística de la Huasteca.

La mística de las fiestas de Xantolo cobra un matiz profundamente humano en la delegación de El Pujal, perteneciente al municipio de Ciudad Valles, donde la tradición oral y los lazos de sangre se entrelazan sobre la pista de baile. Dentro de las agrupaciones tradicionales que año con año dan vida a las festividades de los muertos, la comparsa Tradicional Mictlán, Cultura y Leyenda destaca por portar indumentarias y máscaras que rinden tributo directo a personajes reales que dejaron huella en las comunidades rurales de la región.

Uno de los retratos más emotivos en esta temporada evoca la figura de Doña Cunda, una mujer originaria de la localidad de El Sasub, en el municipio de San Vicente Tancuayalab. Recordada ampliamente por su oficio como huesera y curandera, su reputación trascendió las fronteras del estado, atrayendo a personas de diversas entidades vecinas que acudían en busca de alivio para sus males. Hoy, esa herencia de servicio y respeto comunitario encuentra continuidad a través de su bisnieta Esperanza, quien personifica a su antepasada en los sones tradicionales que se bailan en Ciudad Valles.

El acto de enmascararse durante Xantolo representa mucho más que una simple representación folclórica o un espectáculo visual para los visitantes. Detrás de las piezas talladas en madera y las vestimentas típicas yacen nostalgias, ausencias y un duelo que se transforma en fiesta comunitaria. Al concluir las dancísticas demostraciones, el despojo de la máscara suele detonar momentos de catarsis entre los participantes, quienes al reencontrarse con sus familias expresan la carga emocional que implica prestar el cuerpo a la memoria de sus difuntos.

Esta conexión con los antepasados reafirma el sentido identitario de las festividades en la zona Huasteca, donde cada máscara custodia vivencias personales, añoranzas e historias no contadas. La transmisión generacional de estas prácticas asegura que la esencia del festejos se mantenga intacta, transformando el dolor de la pérdida en una celebración colectiva del recuerdo y la cultura popular.