El rector de la UASLP sigue acumulando
cuestionamientos por falta de transparencia y una creciente intolerancia hacia los medios y voces críticas.
Staff/ El Mañana
En la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, la transparencia parece materia optativa… y la crítica, francamente reprobada. El rector Alejandro Zermeño Guerra acumula señalamientos no solo por el manejo poco claro de recursos, sino por una actitud cada vez más incómoda —por decirlo suave— frente a quienes se atreven a preguntar.
Lejos de promover el diálogo abierto que se espera de una institución pública, el rector ha protagonizado episodios donde la paciencia se le agota más rápido que las respuestas. Uno de los más comentados ocurrió cuando llamó “pasquín” a El Heraldo, tras ser cuestionado por la periodista Marcela Loyola durante el proceso de admisión. Como si no bastara, la misma reportera ya había sido previamente “invitada” a su oficina para moderar el tono de sus preguntas.

Pero la lista sigue: desde sugerirle a otra reportera que “lea mejor” —como si el problema fuera comprensión lectora y no falta de respuestas—, hasta cortar entrevistas cuando el tema se pone incómodo. Todo muy académico… pero en evasión.
El episodio más reciente no desentonó. Ante cuestionamientos del diputado Héctor Serrano, el rector optó por descalificar al interlocutor por no ser egresado ni originario del estado, en lugar de entrarle al fondo del asunto. Una respuesta que, más que institucional, sonó a filtro de admisión… pero de opiniones.
Así, entre cifras poco claras y respuestas cada vez más cortantes, en la UASLP queda la duda: ¿se gobierna con argumentos… o con susceptibilidad?

















