1995-2014

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El Separador

Jordi Soler diseñador industrial de unos treinta años, dirigía la estación de radio Rock 101 lo que le permitía escribir promocionales y cuentos para quienes pasábamos largas noches atrincherados entre las reglas paralelas. Un cenicero humeante se desbordaba sobre el restirador con residuos de papel cortado y polvo volador de Spraymount 3M que me enviaron al otorrino varias veces. En el Walkman, la voz peculiarmente gangosa del poeta de ascendencia catalana. DJ y testigo de mis dedos anillados con tela adhesiva, narraba por ahí de las dos de la mañana suculentas frases sueltas de su libro Bocafloja. Sonidos para cuando toca diseñar.

Talentoso y muy bien conectado, desde que cerró la estación y envejeció la movida del Rock -con la ayuda de Ernesto Zedillo y los intereses de Núcleo Radio Mil-, ha trasladado sus armas a los lugares más exóticos que un poeta nacido en una reserva veracruzana imaginaría. De ser portavoz improvisado del EZLN, catapultó su carrera a la de agregado cultural de México en Irlanda.

Hoy escribe en varios diarios y publica en Alfaguara. El conferencista sibarita asegura desde Barcelona tener una profunda melancolía por la vida en la CDMX mientras presenta libros, entrega reconocimientos y viste frac de vez en cuando, en los castillos sobrevivientes de Europa. Yo podría asegurar, que quisiera beberse toda cerveza y whisky que le ofrecen en las embajadas para luego salir a dibujar, con su pipí, figuras de grillos en las banquetas.

De los cinco libros que he leído de Jordi Soler, “Las armas de la ilusión”, que todavía huele a imprenta, ya podría otorgarme una credencial y calcomanía de su Fan Club. Su anecdotario de 95 a 14 lejos de inquisitivo, baja a nivel cancha a los fanfarrones de quien se ha rodeado para verlos de tú a tú. El caballero de la Orden de los Finnegans -rango que no pudo conseguirle un drink con el fugitivo Salinas de Gortari- da la espalda a villamelones e intelectuales pseudoprotagonistas de final de siglo en México.

Un lunes leí en Melancolía de la Resistencia, de Milenio: “lo importante es lo que haces con lo que te ha tocado, lo que justifica tu paso por el mundo.” Regresé por dos horas a diseñar mi destino sobre el restirador. Del Walkman salían con potencia, las voces de Jordi y Peter Murphy.

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