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Staff / El Mañana
El pleito por los millones de la fallecida estrella country escaló a niveles de película de acción tras la demanda contra su propio familiar.
¡La que se armó tras bambalinas en el clan de la inolvidable Dolly Parton parece de novela de terror de medianoche! Cuando todos creían que el luto sería el único dolor de cabeza para los herederos de la reina de la música campirana, resultó que el verdadero peligro lo tenían durmiendo en casa. Los encargados de cuidar el millonario emporio tuvieron que recurrir a la ley de emergencia y pedir una orden de alejamiento urgente en contra de nada menos que su propio sobrino.
El meollo del asunto estalló cuando el representante de toda la vida de la fallecida artista destapó la cloaca y presentó una demanda que dejó a más de uno con el ojo cuadrado. Según los documentos ventilados en la corte de Nashville, el susodicho pariente, identificado como Bryan Seaver —quien fungía como el mero mero de la seguridad—, se volvió completamente loco tras el fallecimiento de la cantante y comenzó a lanzar amenazas de muerte dignas de un gánster de caricatura.
Las pruebas presentadas ante el juez están para arder en llamas, pues incluyen mensajes de texto donde el pariente incómodo presumía haber vendido armas al extranjero y advertía que lo suyo era “la guerra pura”, prometiendo destruir la reputación y los negocios construidos por su tía durante décadas. La situación se puso tan densa y con un ambiente tan pesado que varios empleados del corporativo renunciaron espantados, obligando a los directivos a contratar guardaespaldas privados para evitar una desgracia mayor en las oficinas.
Por su parte, el señalado intentó sacudirse las acusaciones asegurando que todo se trató de pláticas privadas sacadas de contexto y de momentos de debilidad en medio del dolor. Sin embargo, los administradores del patrimonio no quisieron arriesgar el pellejo ni la gallina de los huevos de oro, por lo que le cerraron la puerta en la cara de manera definitiva y exigieron que se mantenga a cientos de metros de distancia de cualquier socio o trabajador.
Este trágico episodio demuestra que cuando hay billetes de por medio, los lazos de sangre valen absolutamente para pura dinamita. El imperio valorado en cientos de millones de dólares hoy está bajo asedio judicial, mientras los fans de la entrañable rubia no dan crédito a las bajezas que se ventilan en los tribunales a pocos días de su partida. La dinastía Parton pasó de las melodías románticas a las broncas de pistoleros en un abrir y cerrar de ojos.
La batalla legal promete sacar más trapitos al sol en las próximas semanas, conforme los abogados busquen blindar los derechos de autor y las marcas registradas de la leyenda musical. Mientras tanto, la recomendación general en el medio artístico es andar con pies de plomo y no confiarle la caja fuerte ni al más pintado de la familia.
















