-El odio digital empaña el festejo.
Staff/El Mañana
Dicen que el amor se demuestra de mil maneras, con flores, regalos o la simple decisión de compartir la vida hasta la eternidad. Así lo entendieron Giovanny y Luis, quienes el pasado 26 de febrero unieron sus vidas en Buena Vista, Villa de Guadalupe, convirtiéndose en el primer matrimonio igualitario en San Luis Potosí. Su celebración fue un acto de valentía y convicción en un entorno donde todavía amar distinto incomoda.
Sin embargo, lo que debía ser un momento íntimo y memorable terminó expuesto al juicio despiadado de las redes sociales. En la publicación donde se difundió su unión aparecieron comentarios que cuestionaban desde el uso del sombrero, “Ese es para hombres bien hombres”, hasta la decoración, considerada por algunos como un “desperdicio” por tratarse de una pareja del mismo sexo. Otros llevaron la burla al absurdo, comparando su relación con tomar café de una taza del baño en vez de una taza normal, refiriendo a la frase “Amor es amor”.
Más allá del mal gusto, lo preocupante es la ligereza con la que se hiere. Frases como “Que Dios les dé muchos bebés” o sugerencias para que uno vistiera de novia no buscan diálogo ni reflexión, sino ridiculizar. La felicidad de dos personas fue reducida a chiste fácil por quienes siguen midiendo la vida con parámetros de otra época.
Basta recorrer los comentarios para advertir que apenas dos o tres mensajes celebraban su decisión. El resto descargaba prejuicios, homofobia y resentimiento en una pareja que, como cualquier otra, solo decidió formalizar su proyecto de vida. La exposición digital no debería equivaler a carta abierta para la crueldad.
Lo sucedido obliga a mirar más allá de una boda, ¿En qué momento la diversidad, de género, de identidad, de religión o de piel, se convirtió en provocación? La falta de filtro no es franqueza, sino intolerancia y mientras la sociedad siga reaccionando con burla ante la felicidad ajena, seguirá demostrando que el verdadero problema no es quién ama a quién, sino la incapacidad de aceptar que el amor, en cualquiera de sus formas, merece respeto.














