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Staff / El Mañana
El centro penitenciario de Tancanhuitz rompe esquemas al obtener un distintivo oficial por habilitar un espacio digno para la lactancia materna.
La reinserción social en territorio potosino da pasos firmes hacia la garantía de los derechos humanos fundamentales al interior de los centros de reclusión. Las políticas de atención integral dentro del sistema penitenciario estatal acaban de recibir un espaldarazo histórico gracias al esfuerzo institucional enfocado en la niñez y la maternidad en reclusión.
En una ceremonia oficial denominada “Organizaciones Amigables con la Lactancia Materna e Igualdad Laboral”, un total de cincuenta y dos organismos públicos y privados fueron galardonados por sus buenas prácticas. Sin embargo, el centro penitenciario ubicado en la región huasteca acaparó los reflectores al convertirse en el pionero absoluto de este esquema en el estado.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Estado (SSPC) confirmó que las instalaciones del penal cuentan ahora con un área higiénica y exclusiva. Este espacio permite que las mujeres privadas de la libertad puedan amamantar o realizar la extracción y conservación segura de leche para sus hijos durante las primeras etapas de desarrollo.
Dotar de infraestructura especializada a los reclusorios representa un cambio profundo en la cultura administrativa carcelaria. Las madres privadas de la libertad enfrentan retos mayúsculos, por lo que contar con un entorno protegido mitiga las condiciones de vulnerabilidad de los infantes vinculados indirectamente al sistema de justicia.
Especialistas en procuración de justicia y derechos humanos han aplaudido la medida, señalando que la maternidad tras las rejas requiere un enfoque de género y sensibilidad institucional. Las normativas internacionales exigen que las condiciones de reclusión no vulneren los vínculos filiales esenciales durante la infancia temprana.
Con este reconocimiento, el penal de Tancanhuitz se posiciona como un referente nacional en la materia, demostrando que la seguridad pública y el respeto a la dignidad humana pueden caminar de la mano para construir un sistema penitenciario verdaderamente transformador y enfocado en la paz social duradera.
















