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Staff / El Mañana
- Mientras en la cabecera se quejan por un corte de un día, en la zona indígena llevan años batallando con tubos viejos y promesas de campaña.
¡La paciencia de la gente llegó a su límite y el enojo general es total! Para las familias de las comunidades, abrir la llave y ver caer una gota de agua es un verdadero milagro de Navidad.
Los ciudadanos levantaron la voz para denunciar el abandono absoluto en el que los tienen las autoridades municipales, a quienes les reclaman que prefieran repartir despensas en lugar de arreglar de una vez por todas el viejo sistema de bombeo que los deja secos casi todas las semanas de todos los años.
Esta historia de quejas no es nueva, pero la gota que derramó el vaso ocurrió tras un corte general de un día en la cabecera.
Los ciudadanos de los ejidos señalaron con furia que mientras la raza de la ciudad se vuelve loca por 24 horas sin servicio, en los poblados indígenas el desabasto es el pan de cada día debido a los apagones de luz, las bombas quemadas y un sistema hidráulico que ya es pura chatarra inservible.
La red de tuberías que trae el líquido desde el nacimiento está tan vieja que las fugas brotan a diario por todos lados como si fueran fuentes.
Esto provoca que el agua pierda toda la fuerza en el camino y nunca llegue a los hogares de los poblados más lejanos y necesitados, obligando a los ciudadanos a acarrear agua cruda, turbia y sin ningún tipo de tratamiento directamente desde los arroyos.
Los inconformes recordaron con amargura que llevan más de seis años exigiendo un sistema nuevo en las consultas, pero las promesas se las lleva el viento y los políticos solo van a pararse al rumbo para tomarse la foto oficial de las supuestas obras que nunca arrancan.
Hartos de vivir entre la tierra y la sed, los habitantes sentenciaron que cambiarían con gusto todos los apoyos de despensas con tal de que les pongan tubos nuevos y dignos para acabar con esta crisis.















